Mucha niebla, apenas se ve La Bastille, el río está congelado.
Les cuelgo un poema intencionado de Vagón para fumadores, Lumen, 1996.
DE LA NIEVE A LA ARENA
Cuando el toro se inclina sobre la nieve
sangra mi nariz en todas direcciones
No conoce de montañas saladas
y la piedra le blanquea los pulmones
Danzo y mi noveno corazón no se coagula
el pelo suda sobre la cuesta
¿Han visto de qué manera anárquica
gotea la sangre sobre la nieve?
Él juega esquivando al mundo
osado me sostiene
y yo resbalo mil veces a sabiendas
de que algún día moriré de fragilidad
Pero los esquíes protestan y la sed interviene
Soy digna de estos regaños
Abajo la ciudad muestra a sus monjes
y los cigarrillos acorazados
liados bajo el edredón
Los demás saltan y se alejan emporrados
Nos falta el lívido venado
la piel y el guiño que giran todos los ojos
Es normal que el signo se fatigue es normal
Los camiones atraviesan los pañales en las tendederas
y el toro resopla encristalado detrás de los muros
Estoy rígida en mis botas fosforescentes
tengo un flujo mortecino y la música
La madera ha caído sobre la pata estúpida del toro
Me veo frenética y de pie
él está jugando otra vez con las arterias
Llevo un alambre en la mano zurda y me enojo
El toro sonríe y me alegro
porque una vez más la música
Yo agarraría al toro por el rabo y lo lanzaría
a que se incruste en el accidente
¿Alguien se ha fijado en cómo la nieve
se enriquece de mis células vivas?
¿Alguien ha tenido tiempo de observar
cómo un perro huele atento mi sangre y viene
a recomendarme la intemperie?
Cuando yo escriba la palabra «sola»
el toro va a merecer un grito en el oído
Cuando yo escriba que el siglo está a tres pasos
y que los pulmones van a explotarme
¿Qué toro querrá creerlo?
¿Qué toro podrá?

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