Liberté, j’écris ton nom… Ma liberté…

Esto es para mí la libertad, pasearme por las librerías dedicadas al cine, o por cualquier librería, en búsqueda de una foto de Jean Marais dedicada o firmada en otro tiempo, o de Gregory Peck, también antigua; escuchar el poema de Paul Eluard en los labios de mi hija, oir una canción emblemática cuando yo quiera. Todo lo otro, el terruño (como diría mi inefable Juan Abreu), y la muela pueblerina y cáustica de los escritores de adentro, sentarse a esperar en una esquina del barrio a que se despeñe una teja sobre la cabeza de un infeliz, o  a que te repellen en una guagua quedó muy atrás; jamás en el olvido, eso no, pero la vida verdadera está donde está la libertad. Sin libertad no hay vida posible. El exilio es, como las palabras, mi condena, mi libertad; además de una imposición externa a mi elección. Y en esa condena existo en pleno vuelo, porque es la condena que yo escogí, la que yo elegí a sabiendas de que era el principio de un castigo sobrevalorado, no la condena que me impusieron a cambio de un viajecito, o de un trocito de terruño, o de un apartamento en un barrio que ya de lujoso no le queda ni el nombre. Yo viví en La Habana Vieja, después en el Vedado, ahora vivo en el Marais, en un mejor apartamento que el cuartucho de Muralla, o el de Mercaderes, o el apartamentico del Vedado. ¿Quién no sabe lo que es el Marais?. Elegir, palabra clave, según Gisèle Halimi: Elegir, ahí está todo el sentido de la existencia. Choisir. Lo demás, lo siento por los curas del idioma, es pinga y cepillo.

Afirmar que uno detesta la política es muy cómodo y muy cobarde, cuando sabes que a causa de la política estás donde estás (salvo que te halles a resguardo de todo mal, lo que resultará inevitablemente imposible dentro de los predios de una dictadura), además de que esa misma afirmación resulta más política que cualquier acto político a favor de la libertad, sólo que esa afirmación es un acto político en pos de la miseria individual, pero como dicen los andaluces: c’a uno es c’a uno.

Vean cuánta libertad y vida y deseo hay en este poema, con su lectura constante escribí con veintiseis años mi primera novela, la segunda con 33 años mientras escuchaba a Serge Reggiani en permanencia. El deseo de libertad me invadía desde lo más hondo de la voz de Eluard y de Reggiani. Sin deseo no se ha escrito nada, todo lo que se escribe con cálculo y desde la autorepresión se espesa agrio:

Liberté, j’écris ton nom

Sur mes cahiers d’écolier
Sur mon pupitre et les arbres
Sur le sable de neige
J’écris ton nom

Sur les pages lues
Sur toutes les pages blanches
Pierre sang papier ou cendre
J’écris ton nom

Sur les images dorées
Sur les armes des guerriers
Sur la couronne des rois
J’écris ton nom

Sur la jungle et le désert
Sur les nids sur les genêts
Sur l’écho de mon enfance
J’écris ton nom

Sur tous mes chiffons d’azur
Sur l’étang soleil moisi
Sur le lac lune vivante
J’écris ton nom

Sur les champs sur l’horizon
Sur les ailes des oiseaux
Et sur le moulin des ombres
J’écris ton nom

Sur chaque bouffées d’aurore
Sur la mer sur les bateaux
Sur la montagne démente
J’écris ton nom

Sur la mousse des nuages
Sur les sueurs de l’orages
Sur la pluie épaisse et fade
J’écris ton nom

Sur les formes scintillantes
Sur les cloches des couleurs
Sur la vérité physique
J’écris ton nom

Sur les sentiers éveillés
Sur les routes déployées
Sur les places qui débordent
J’écris ton nom

Sur la lampe qui s’allume
Sur la lampe qui s’éteint
Sur mes raisons réunies
J’écris ton nom

Sur le fruit coupé en deux
Du miroir et de ma chambre
Sur mon lit coquille vide
J’écris ton nom

Sur mon chien gourmand et tendre
Sur ses oreilles dressées
Sur sa patte maladroite
J’écris ton nom

Sur le tremplin de ma porte
Sur les objets familiers
Sur le flot du feu béni
J’écris ton nom

Sur toute chair accordée
Sur le front de mes amis
Sur chaque main qui se tend
J’écris ton nom

Sur la vitre des surprises
Sur les lèvres attendries
Bien au-dessus du silence
J’écris ton nom

Sur mes refuges détruits
Sur mes phares écroulés
Sur les murs de mon ennui
J’écris ton nom

Sur l’absence sans désir
Sur la solitude nue
Sur les marches de la mort
J’écris ton nom

Sur la santé revenue
Sur le risque disparu
Sur l’espoir sans souvenir
J’écris ton nom

Et par le pouvoir d’un mot
Je recommence ma vie
Je suis né pour te connaître
Pour te nommer

Liberté.

Paul Eluard. (Traducción al español en el blog Habla Sonia Luz).

Y escuchen este enjundioso y bello poema, Ma Liberté,  en la voz de Serge Reggiani, escrito por Georges Moustaki:

El exilio dio versos y canciones de una belleza espléndida y única, como Le Metèque de Georges Moustaki, al que tengo de vecino:

Mi exilio es mi libertad y mi elección de poder dar este paseo, cuando quiero, y no cuando me lo imponga nadie, o dejarlo de dar porque me lo prohiban. Esta es la verdadera libertad, poder escribir un libro como el que acaba de publicar Milan Kundera, Une rencontre, en Gallimard; porque un paseo por el mundo extiende la isla interior a la universalidad del peregrinaje, y todo resultará al final una sucesión de encuentros fabulosos. Me despido con este corto paseo por uno de mis sitios favoritos, ayer al mediodía:

ACTUALIZACION, gracias a Eufrates del Valle:
Sobre el tema del exilio y de la nostalgia, con pocas diferencias, mínimas, este magnífico post de Enrisco. Los escritores del exilio no tenemos por qué quedarnos callados. Deberíamos firmar una carta de protesta a la agencia AFP contra la entrevista difundida ayer a dos escritores de adentro, a los que jamás se les impuso el exilio como a nosotros, y que por el contrario mantienen una posición conciliatoria con la dictadura. Al menos que nos den derecho a respuesta.