La Egolatría.

LA EGOLATRÍA.

En la escuela empieza la amenaza; sobre todo en la entrada a la adolescencia: si no te afichas de izquierdas, pecas. En lugar de afirmar que tus padres votaron por Nicolás Sarkozy, deberías murmurar que lo hicieron por Segolène Royal. Una ególatra de primera, la que le ha dado el batacazo final al socialismo francés en pleno cogote. Por suerte, todo final y todo comienzo, siempre se inaugura en Francia. Seré -soy- de las primeras en presenciar el declive, el derrumbe total del monumento más inmoral que haya edificado la mente humana: el del Izquierdismo profesional.

Los maestros, amedrentados, dicen ser de izquierdas, los mediocres que se hacen pasar por artistas (en Francia cada vez menos), se recuestan a la izquierda. Claman por la paz mientras cantan con botas de guerrillero de las FARC, claman por la paz ignorando otro clamor, el de la súplica de libertad de los pueblos. Eso es la izquierda, a eso se ha reducido, a una pandilla numerosa de ególatras.

Salen huyendo de sus países, y se refugian en el seno de lo que para ellos constituye “el imperialismo brutal”, sin embargo, es ese mismo “imperialismo” quien los inventa, reinventa,  nutre y enriquece. Luego, son eso sí, muy “valientes”, se van a exigir paz a los países totalitarios, donde la policía los sostiene, en lugar del pueblo. El pueblo obligado al servilismo por esa misma policía, tendrá que aplaudirlos.

Diferencia entre el capitalismo y el comunismo: En el capitalismo, si sales a la calle a protestar, vendrá un policía que te golpeará, (caso poco probable, aclaro gracias a un comentarista de este blog, sólo lo hará en caso de que el manifestante se exceda y cometa indecencias tales como romper vidrieras, etc). En el comunismo, si es que consigues dominar  tu miedo interior, y sales a la calle a protestar en contra, un policía te pateará y tú deberás aplaudir la pateadura. Aplaudir es la clave.

Una amiga de mi hija se alinea –según ella- en el centro derecha, le gusta Sarkozy, aunque aún no ha votado; tiene 16 años y es una adolescente brillante, sus notas son las mejores del Liceo. Su madre es comunista, su padre de izquierdas, sin llegar al excesivo extremismo de la esposa. La adolescente nunca ha sentido pavor al confesarlo, como es el caso de sus compañeros de clase, de afirmar que apoya a Nicolás Sarkozy; numerosos fueron al inicio los que, en grupo, la criticaron. Después, poco a poco, por separado, le fueron confiando que estaban de acuerdo con ella. Entonces ella misma llegó a la conclusión que el izquierdismo exacerba el lado perverso, mentiroso, estúpido y ególatra de la sociedad y lo multiplica por dos.

El totalitarismo, es cierto, encuentra su mayor caldo de cultivo en la mitomanía, el yoísmo, y el enaltecimiento del ego. Ejemplos sobran.

Mañana escribo sobre la doblez de Barack Obama al levantar parte del embargo a la dictadura castrista e imponérselo a Honduras. Obama –se le sale por encima del traje- es otro ególatra. La lista va siendo larga y alarmante en este último cru de Elegidos;  estos poderosos votados por los pueblos –pueblos no de militantes, más bien de fieles-,  cada vez más pervertido desde la adolescencia, cada vez más militontos desde las escuelas, convencidos de que el camino de la Izquierda es la única Salvación, acabarán con una idea científica y humanística del mundo. La religión se impondrá como ideología. La Religión más retrógrada ha triunfado bajo otra máscara, la de la ideología comunista, totalitaria, petrolera y vil. ¿Quién nos lo iba a decir?