DEL ABSURDO.
Zoé Valdés.
Cada vez estoy más convencida de que el concierto por la paz de Juanes fue programado desde la Casa Blanca en Estados Unidos. La próxima visita del colombiano y de Miguel Bosé a Washington, comentada por Charlie Bravo en este blog, como “recaderas” de los Castro, cuyo objetivo será pedir el levantamiento del embargo americano, a mi juicio, no es un plan castrista, se desprende de la agenda obamista.
Con el Nobel a cuesta, Obama deberá hacer lo que no hizo para ganarlo, para eso se lo dieron, para “la acción”, como él mismo pronunció en su discurso una vez premiado. El anuncio de la autorización de la instalación de cable de fibra óptica para mejorar las comunicaciones en la isla, es otro paso. Las autoridades cubanas no han respondido, y me imagino que lo harán negándose a ello, o aceptando, por supuesto, el cable de Chávez.
Los Castro han pasado décadas culpando a los Estados Unidos del embargo, mientras negociaban y comerciaban –negocian y comercian todavía- con el resto del mundo, recibían y reciben créditos monumentales, y el apoyo de la Unión Europea sin condiciones, aún así seguían y siguen vociferando y clamando por el levantamiento del embargo. Aún cuando durante el gobierno de Bush negociaron alimentos y medicamentos por un valor de 710 millones de dólares (gracias a Eufrates del Valle quien me recuerda que también con Estados Unidos han comerciado). Sin embargo, siempre que un presidente –como Carter y Clinton- hacía un gesto en ese sentido, los Castro protestaban refunfuñones, sea desbordando las costas de cubanos hambrientos hacia Estados Unidos, sea tumbando avionetas de Hermanos al Rescate. Obama está advertido. Si sigue insistiendo con el levantamiento del embargo, alguna respuesta recibirá, y no será la más amistosa y mucho menos de agradecimiento extremo.
Por otro lado, supongamos que el embargo sea eliminado, y que el pueblo norteamericano pueda viajar masivamente a las playas cubanas, y que se comercie con Estados Unidos. ¿Se enterará el pueblo cubano del asunto? Indudablemente que no. Los cubanos no serán autorizados a viajar a Estados Unidos. Los americanos serán los primeros en restringir aún más las visas temiendo una ola expansiva, en primer lugar porque temerán a esa ola a la inversa –de cubanos de la Florida hacia Cuba-, dudo mucho que se produzca; por el contrario, la otra ola, es muy probable que sí.
Aún cuando la situación privilegiada del cubano en América se terminará una vez que se elimine el embargo, los cubanoamericanos se lo pensarán dos veces para regresar a un país que compite con los pueblos imaginados de Juan Rulfo.
Los presos políticos seguirán en las prisiones –dado que el gobierno americano no ha presionado lo suficiente a los Castro para obtener su liberación-. Y la miseria del pueblo de a pie crecerá enormemente, el triple de lo que es ahora, por una razón sencilla: los recursos todos estarán disponibles sólo para favorecer al turismo americano que copará nuestras calles. Un turismo pobretón, de mochila al hombro, con camisetas del Ché, y pertenecientes a esa izquierda rancia que sólo se siente asegurada en sus principios cuando ven a un cubano castrista más pobres que ellos y defendiendo todavía lo indefendible, pero será de todos modos un turismo exigente, que demandará ser tratado mejor que en su propio país.
Si la permanencia del embargo no nos ha dado nada –aún cuando los Castro comerciaban con el mundo entero-, el levantamiento del embargo nos dará menos. El embargo no es el problema, los americanos no son el problema, nunca lo fueron. Como en el poema de Constantino Cavafis, “los bárbaros eran la solución”. ¿O es que nos hemos olvidado del Tratado de París? Los franceses nos arrancaron de las manos de los españoles para entregarnos a los americanos, sin un cubano que estuviera presente. Fueron los americanos los que nos dieron la independencia. El que cuente otra cosa está equivocado. ¿Ganamos la guerra? Moralmente sí, simbólicamente sí, pero ese simbolismo se lo debemos a los amigos del “Norte revuelto y brutal”. Sí, lo siento, soy muy martiana, pero Martí no pudo predecir lo que sucedería. ¡De cuánto nos habría salvado si así hubiese ocurrido! Es curioso que en sus diarios, Carlos Manuel de Céspedes invariablemente esperara ansioso la ayuda de los americanos. El problema tiene un nombre, en plural: Los Castro.
Lo que hizo Castro durante cincuenta años es hacernos creer que los americanos eran nuestros enemigos, cuando en verdad no lo eran, ni lo fueron nunca; y de este modo, demonizándolos, él inventó y edificó su propia leyenda. Cincuenta años en contra de los americanos, para terminar en la miseria absoluta, más pobretones que todos, un grado sólo por encima de Haití, y en manos de los peores americanos que podíamos imaginar: de los que defienden la alianza de civilizaciones con el terrorismo internacional.
Es realmente absurdo. En algún blog leí el otro día que llamaban a Cuba: Absurdistán. Me parece genial, es justo lo que nos merecemos. Nos hemos convertido por obra y gracia del castrofascismo en absurdistaneses, así de sencillo. Cubanos hemos dejado de ser hace mucho tiempo. Desde que hemos permitido que un miserable como Fidel Castro nos cambiara nuestra realidad y nuestra historia a base de mentiras y de zoqueterías.
Pero hay un tipo de cubano que es así, que vive y prospera a base de mentiras y de zoqueterías, robando, asesinando, e inventándose biografías falsas. Es la razón por la que Fidel Castro triunfó en Aquella Isla, el caldo de cultivo del Zoquete Cubano le puso el poder en bandeja.
Pues bien, en este instante de un Otoño (el de una Primavera pasó hace rato, era la época en que nos invadían los Bolos y ni Castro se acordaba del embargo), no sabemos cómo harán las cosas. Pero me temo que Obama sí tiene un plan con Cuba, y que pretende que los cubanos estemos ausentes, como ya ocurrió la primera vez, y entonces ahora Obama se apeará con el número de que dos artistas: Bosé y Juanes, que han cantado por la paz en Cuba, le han exigido que levante el embargo, y él –como premio Nobel de la Paz que es-, deberá responder que sí, que por supuesto, no se le niega semejante exigencia a dos artistas de esa categoría. Más bling-bling que Obama hay que mandarlo a hacer, pero nadie se lo reprocha. Aunque una cosa es cómo lance él la bola y otra de qué ángulo y a qué velocidad se la batearán. Pero en cualquier caso, nada cambiará para nosotros. Un país arruinado, desvergonzado, separado, dependiente del dinero que le mandan los “gusanos y traidores”, un país emputecido, maltratado, ripiado, no podrá levantarse fácilmente y se entregará al primero que le pase la mano por la mejilla. Lo pudimos apreciar en el concierto de Juanes. Con ese concierto, ¿se alimentaron mejor los cubanos, tienen más libertad? No, pero algunos han querido creer que sí.
¿Querrá Obama compromisos como en el caso de Puerto Rico? Ojalá, pero no será el caso. América de capa caída económicamente no podrá asumir a 11 millones de pichones con la boca abierta, piando porque apenas saben caminar, trabajar, y mucho menos volar.
Ayer, escuchando la televisión. Yo no la veo, la escucho de lejos. Ayer, les decía, pasé una de las vergüenzas más íntimas de mi vida, cuando el presentador del telediario dijo: “En Cuba hasta la libreta de racionamiento se convierte en un artículo de lujo, tan hambrientos se hallan los cubanos”… Y de ahí pasaron secuencias de gente lamentándose en el peor de los estados, haciendo el ridículo, lo único que faltaba era que extendieran la mano para mendigar un trozo de pan, lo que ni siquiera hacen ya los clochards de París… No sentí lástima, sentí vergüenza e indignación. A eso nos ha conducido el castrismo.
Después salí a La Bastilla, en una boutique de las que abren hasta medianoche y en la que se compra de todo, una especie de quincalla baratucha, vendían asientos con la cara del Ché, más abajo un restaurante exhibía un cartel del Ché y un busto del mismo. Pensé que empezaría a interesarme en estos productos cuando vendan tapas de inodoro con el Ché pintado. Y ni siquiera me sorprendí de mi propio pensamiento. ¿Estaré volviéndome absurdistanesa?
París, 15 de octubre del 2009.

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