En días pasados se produjo en el Instituto Superior de Arte de La Habana una protesta en la que los estudiantes pidieron que se mejorara la comida, y mucho más:
Como que en Cuba ya no se sabe lo que es real o irreal, en este tipo de acción (recuerden aquellos muchachos de la UCI precisamente, que despotricaron en contra del gobierno delante de una cámara y luego confesaron apabullados que, el enemigo, o sea nosotros, los había utilizados, aún cuando los tratamos con gran admiración), pudiera ocurrir que en unos días estos jóvenes salgan diciendo que todo esto fue un performance artístico orientado por la misma ISA. En caso de que así sea, propongo que no sigan estudiando, porque ya con este video se graduaron de todo, ampliamente, si es un video sincero, felicito su valentía, si no lo es, felicito su actuación.
Entre tanto, me ocupan y preocupan más, aquellos cuyos actos no llaman a la duda, que piden, primero que nada: libertad y democracia. Actos como estos de furia concentrada y desbordada los protagonizamos en los ’80, en los ’90, y me imagino que en décadas anteriores también.
Para los amigos no cubanos que leen este blog y que no conocen mucho de la situación castrista, y que se preguntarán, por qué no se van de esa escuela hacia otra. No hay otra, esa es la que trajo el barco. ¿Por qué esos muchachos no se van del país hacia una escuela internacional? No tienen derecho a viajar, no tienen dinero para hacerlo. Eso es lo que trajo el barco: el Gramma.

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