Aquí estoy, y seguimos.

Mientras pasaba un fin de semana maravilloso en Barcelona, junto a mis queridos amigos Juan Abreu, su esposa Marta, quienes me presentaron a los inefables Carlos y Víctor (ya haré post correspondiente), gozábamos de una cena dedicada, en parte, a los muchachitos de la UCI (esperen, sean pacientes, ya verán), y después nos íbamos a un bar con el escritor y periodista Arcadi Espada, Pat, la periodista Cristina Fallarás, su marido, el escritor argentino Raúl Argemí, Ricardo Vega, y yo; al día siguiente al Museo Picasso a ver la exposición Secretos Eróticos de Picasso, y el arte erótico japonés: las Shungas; mientras hacía todo eso, este blog fue violentamente atacado. Es la razón por la que no pude trabajar en él, aparte de la conexión portátil que no funcionó. Desde el móvil ya me di cuenta que algo raro sucedía. Habían conseguido desvirtuarme el blog de forma interior, y no podía actualizarlo.

Es la razón también por la que algunos comentarios aparecieron en posts que no tenían nada que ver con el contenido, y el interior del blog era un desorden siniestramente caótico; restablecer nuevamente el cosmos  me ha costado trabajo y tiempo, lo siento.

A los lectores, les pido disculpas.

A los atacantes, así, sin más: Me cago en el recontracoñísimo de sus estampas.

Aquí estoy, y seguimos.