De la salvación de Occidente al debate de la identidad nacional.

De la salvación de Occidente al debate de la identidad nacional en Francia.

Geert Wilder es un parlamentario neerlandés, fundador del Partido para la Libertad, y que realizó un cortometraje llamado Fitna donde pone de manifiesto lo que hay verdaderamente detrás del islam: una ideología fascista en extremo. En estos días Geert Wilder está siendo enjuiciado por incitación al odio racial, debido a las conferencias que ha brindado por todo el mundo y por el contenido de su película. La prensa, como bien señalaba Isis Wirth, en La Reina de la Noche, se ha hecho poco eco del caso.

Curioso es que, por lo mismo que están enjuiciado a Geert Wilder, supuestamente por incitación al odio racial, es un decir, pero incitación al odio racial en definitivas por parte de los islamistas, aunque tapiñado en religión ¡y hasta en identidad cultural!; encumbran, en nombre de una religión, a varios líderes y miembros de la misma, e incluso, presidentes de naciones que ya han cometido genocidio, en nombre de un cierto islamismo, como en el caso Mahmoud Ahmadinejad en Irán, durante la revolución verde iraní, sigan campeando por sus respetos y engrosando una lista de acciones en contra de la paz y de la humanidad, sin que nadie los toque ni con el pétalo de una rosa.

Entre tanto, en Francia se inicia un debate delicado que, según el primer ministro François Fillon, durará un quinquenio, y tendrá como tema principal: la identidad nacional. La identidad nacional prescrita como patriotismo. Peligro. ¿Por qué no llamar a las cosas por su nombre? Ah, porque el Islam no se toca en Francia.

El tema de la identidad nacional en Francia posee un cariz relacionado directamente con la imposición del islam en la vida pública ciudadana, de diferentes maneras. Soportar la presencia de mujeres veladas en los sitios públicos, así como las miradas desafiantes de los islamistas cuando una mujer exhibe su cuerpo, la intención marcada de colar en todo el tema religioso, en la educación, en los medios de comunicación, se hace inaguantable. Pero lo peor, el racismo feroz de los islamistas frente a los judíos y a los católicos, ¡y al ateísmo! ¿Por qué llevarnos a todos, entonces, al terreno minado de la identidad nacional, cuando se trata de otra cosa: del islamismo que odia, de odio racial de los islamistas contra Occidente? (Ver nuevamente en La Reina de la noche). ¿Por qué enmascararlo con un debate que fragilizará, sobre todo, a los políticos de buena voluntad? Sí, algunos hay.

En cualquier caso, les recomiendo a aquellos que como nosotros, los cubanos, nos ganamos la nacionalidad pagando impuestos: cuidemos nuestros pasaportes y la carta de identidad, porque el simple hecho de rehacerla comprenderá que tengamos que desenterrar a las abuelas que no tenemos, para probar que pudimos haber sido franceses de pura cepa, al menos por descendencia de la célebre “tumba francesa”.

Un caso curioso, citado como ejemplo en varias publicaciones, es el de la esposa de Dominique Strauss-Kahn, Anne Sinclair, gran periodista de la televisión que durante años condujo la emisión 7 sur 7. De padres franceses, nacida por azar fuera de Francia, en caso de que perdiera su documentación debería entonces probar, dos generaciones mediante, su autenticidad, no ya como francesa, sino como patriota francesa.

Zoé Valdés.