De la inmundicia.

De la inmundicia.

Los lectores de este blog habrán advertido que rara vez dedico tiempo a la inmundicia, cuando lo he hecho, al cabo del tiempo –porque yo doy tiempo-, me he percatado de la mediocridad y poca o ninguna valía del tema, y me he apartado al instante. La inmundicia tiene muchas caras, es de sobra sabido. Ayer podía venir disfrazada con la pluma de un poeta incipiente y mañana pude revelársenos como una sabandija ladrona de ancianas. Pero la peor de todas las inmundicias es la inmundicia patriótica, de falso mensaje de apertura, y demás etcétera, la que se inmola por el amor, la redención, el perdón, la tolerancia, y abre sus nalgas a la bota castrista. En ese oscuro terreno, se mueven como tiburones en el agua, el mediocre periodista Edmundo García, y el empresario (aun no sabemos muy bien de qué), Hugo Cancio.

Este último abrió una página en Facebook, con un lemita de esos desgranados de la época de cuando Robertico Robaina ponía a bailar lambada a la juventud comunista en el Malecón, y al mismísimo Fidel Castro a dar brinquitos (“¡El que no brinque es yanqui, el que no brinque es yanqui!”, ¿Recuerdan?), en la Esplanada del parque de mi hija; pues bien, el aburrido lemita y nombre de la Asociación de Hugo Cancio en Facebook es Generación Cambio Cubano, y el discurso o prédica ideológica los da a través de una muela bizca, no tan solapada, furibundamente castrista, en la que llama al ejercicio del amor, del perdón, y a no sé cuántas hijoeputeces más. Yo quise contestarle, pero después de él mismo haberme rendido durante meses para convertirse en mi amigo en ese solar a la cubana que es Facebook, y yo hacerle el caso del perro, cuando hace dos días quise entrar para responderle sobre el tema tan “amoroso” de su parte hacia una dictadura que encarcela, reprime, tortura, asesina, crea terroristas y guerra de guerrillas en el mundo entero, y todo esto durante 51 años, el tolerante Cancio me bloqueó la entrada a su página.

Soy de las que creo que a esta gentuza no hay que darles publicidad, pero una vez que otros se la han dado, hay que mostrar quiénes son estos tipejos, quienes en lugar de vivir tan cómodamente en Miami, deberían asilarse en Cuba, y vivir como viven los cubanos de a pie. Seguramente la pasarán extremadamente bien, ya que –como bien ha expresado Pong en sus caricaturas en CubaHumor-, la bota en el sainete póstumo agrada a más de uno.

Cancio no es solamente un empresario, es un ideólogo del castrismo que ejecuta su programa, el que le han encomendado, en Miami; del mismo modo que Aruca, Max Lesnick (por cierto, lo conocí en Cuba, cuando pretendía conseguirse una oficina en el 7mo piso del ICAIC, rodaba en Mercedes Benz negro del Consejo de Estado, y acababa de adquirir una mansión que insistía en “decorar” con lo mejor y más caro de la pintura cubana; se moría de miedo, eso sí, y nos lo comentó a mí y a Ricardo Vega, durante una recepción de un Festival de Cine en Le Parisien, del Hotel Nacional, porque en el Noticiero de las ocho de la noche, lo habían sacado dos veces, una en el festival de cine, y otra en una reunión de no sé qué cosa en Estados Unidos, o sea, la señal de que lo tenían a ojo, bien controladito).

Sin embargo, aún cuando debemos estar alertas, esta gente no cuenta para nada, sólo altera un poco el orden en Miami; serán ellos los últimos en hacer historia en los cambios cubanos. Los cambios en Cuba pasan por la libertad, primero que todo. El que lo ignore, o pretenda ignorarlo, ignora una buena parte de la historia de la humanidad. Y que no vengan a predicar el amor mientras representen a los que sólo han sembrado odio, división de las familias cubanas, exilio y muerte, y los culpables de ese odio tienen nombres: Fidel Castro, Raúl Castro, todos sus secuaces, todos, incluidos estos mismos mercenarios que como han fracasado en el exilio necesitan ahora darse valijú con el castrismo, viviendo, claro está, de los dólares del “enemigo”.

Zoé Valdés.