Hace unas semanas, el poeta y escritor David Lago González, me acompañó a la casa y atelier del pintor Waldo Díaz-Balart, debíamos discutir sobre una futura colaboración juntos en un trabajo futuro. Allí estuve, maravillada con su obra, y con su elegancia. Almorzamos los tres, en un lugar delicioso, al doblar de la casa; yo perdida en la mirada divertida, inteligente y azul de Waldo. Gracias a Waldo Díaz-Balart y a David Lago González.

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