El picúo y la picúa.

«Desde muy joven Fidel Castro descubrió que poseía un don, el don de manipular y de embaucar a la gente que lo rodeaba. Nunca nadie ha sabido manejar en la historia de Cuba un don individual con tanta maestría, nunca antes ninguna personalidad política había conseguido seducir hasta hipnotizar, a amigos y enemigos. Fidel Castro fracasó con su revolución, pero triunfó en una sola cosa, en su estudio de marketing. Porque Fidel Castro ha sido el más grande especialista de marketing que ha dado la historia contemporánea. Creó un producto: la revolución, y todo el mundo se la compró. Creó un héroe, el Ché, y creo que le ha ganado a Marilyn en ventas de camisetas con su cara.

Pero sobre todo se creó a sí mismo; él es su propio Doctor Frankenstein, él mismo cosió el monstruo.

Cuando necesitó publicidad la tuvo a chorro, desde la mismísima revista Bohemia hasta los periódicos de mayores tiradas, dentro de su propio país las publicaciones se rindieron a sus pies, y para ser reconocido mundialmente, reclamó la presencia, nada más y nada menos, de una estrella del periodismo norteamericano de la época, Herbert Matthews, quien subió hasta las montañas de la Sierra Maestra y desde allí entrevistó a Castro para el New York Times, existen imágenes fílmicas de esa entrevista.

Después de neutralizar al pueblo cubano con sus maniobras de mago negro, y no contento con aplastar a la isla de Cuba bajo su bota, puso todo su empeño en conquitar el resto del mundo con su figura de joven y eterno revolucionario. También lo consiguió, su imagen se impuso, y sobrevivió a todos los presidentes norteamericanos desde el 59 hasta la fecha, pero por encima de todo, con su presencia rocambolesca y altisonante, empañó la labor de figuras internacionales, que en política, aportaron y proyectos mucho más positivos para la humanidad que los suyos. Ninguna idea de Fidel Castro ha sido positiva, desde luego, pero él ha hecho creer que sí. Que alguien me cite una sola idea de Castro… No tuvo una acertada.

Ha sido asunto raro este de Fidel, porque si estudiamos a Fidel Castro desde los inicios, sus imágenes, sus frases, sus discursos, nos damos cuenta enseguida de que la personalidad de Castro resulta pesada. Pudiera ser el gordito acomplejado de cualquier escuela, el rompegrupo, el chistoso que ningún chiste da gracia ni hace reír, el trajín que todos trajina. Un auténtico plomo, para no ir por cuatro caminos. Y sin embargo, se ganó al mundo con su verborrea barata, de a tres por quilo, con esos silencios espaciados, nerviosos, donde quedaba claro que su mente quedaba vacía, que enmudecía paralizado por la timidez; semejante a un monigote que se movía de un lado a otro sin palabras, las manos gesticulaban, aporreaban la tribuna y los micrófocnos, en busca del verbo que aleccionara, del insulto que vejara, de la acusación que humillara. Triunfó con sus pesadeces, y eso es lo único que no aguantan los cubanos: a los pesados. «¡Cargue con su pesa’o!», advertía la fraseología popular. Y han cargado con él cincuenta años.»

Tomado de La Ficción Fidel (Planeta, 2008). Zoé Valdés.

Dedicado a Indignada.