Praderas marinas, praderas de palabras (Emanación nómada). Por Juan Abreu.

«Me convertí en nómada, o dicho con mayor precisión, me convirtieron, el cinco de mayo del año 1980. Antes de eso pastaba, más o menos manso, en los corrales de la Patria, que es la enemiga natural del nómada literario.

Patria es frontera, domesticación y ceremonia. Elementos adversos por naturaleza al espíritu libertario de la creación artística.

Escenario de mi conversión: costa norte de la provincia de La Habana, isla de Cuba. Embadurnado amanecer del trópico, brisa aleteante, espumosa. Corva orilla. Árboles agachados sobre los arrecifes. Muchedumbre temerosa, esperanzada, ansiosa, que aguardaba ser conducida a las embarcaciones.

Me sentía aquel amanecer como un terroso sioux o como un ondulado arapahoe, a punto de cabalgar y entrar en batalla. También como un dulce siboney, momentos antes de ser decapitado por un «descubridor»español. Contemplaba el cielo lechoso, casi detenido a esa hora mágica y murmuraba: hoy es un buen día para morir. Y a pesar de la alegría de partir, de escapar, por fin, sentía la desolación posada en mi estómago y en mi alma.

El lastre de la familia y los recuerdos pesadamente enturbiaban la belleza del momento.»

Juan Abreu.

De su novela Gimnasio.

Editorial Poliedro, España. 2002.