Del final de la película.

DEL FINAL DE LA PELÍCULA.
“Lo bueno que tiene esto es lo malo que se está poniendo”, era una de las frases más repetidas en Cuba, siempre que el régimen hacía de las suyas, lo que era muy corriente y a diario. La frase no ha perdido actualidad: el régimen sigue en las mismas desde hace más de medio siglo; sin embargo, algo ha variado, los de entonces ya no somos los mismos, como es natural, y Cuba ha cambiado, así como Miami.
Yo no dudo de las buenas intenciones de Gloria y Emilio Estefan en relación a los cambios en Cuba, ¿por qué tendría que hacerlo? Aunque tampoco pongo mi mano en la candela por nadie, sobre todo porque no los conozco personalmente, jamás los escuché emitir una opinión política, aunque algo han expresado a favor al perdón y demás. Como intermediarios en una obra caritativa son perfectos, como políticos, no lo sé. La improvisación, a veces, es mala consejera, eso los músicos lo saben mejor que nadie, depende del momento; en política es la peor de las consejeras. En política no se improvisa. Y los políticos son personas con carreras hechas a la medida.
Los Estefan estuvieron 15 minutos con Barack Obama, en esos quince minutos se habló de la situación de Cuba –dudo que el presidente ignore lo que ha sucedido en los últimos meses en Cuba, dado que el mundo y la prensa se hicieron eco de ello, ya no vamos a pedirle de los últimos 51 años, sería pedir demasiado, y como somos cubanos deberíamos, supongo yo, de contentarnos con que nos observen y reparen en nuestros problemas de isleños de Pascuas a San Juan y nos traten como lo que somos: cubanos. En esos 15 minutos Gloria, Emilio y la hija de ambos se hicieron la foto; la popular artista, a su vez, le enseñó imágenes de las últimas represiones en Cuba (han existido durante años, pero éstas eran las últimas), y entregó dos cartas al presidente, una de Reina Luisa Tamayo Danger y otra de Guillermo Fariñas, quien 48 días después de su huelga de hambre, todavía tiene ánimos para escribir cartas, Dios le guarde ese ánimo, porque yo siempre he sostenido que los luchadores contra el castrismo necesitan estar con vida, para que en el futuro jueguen el papel que les corresponde); no dudo de estas buenas acciones, yo habría hecho lo mismo. De hecho lo estoy haciendo desde hace años con el presidente Jacques Chirac y con Nicolas Sarkozy.
Donde a mí se me traba el paraguas es cuando ese tipo de gestión se tiene que hacer en medio de una recolecta de fondos (30 400 dólares por pareja), a cambio de una merienda con el presidente, que duró 15 minutos, a favor del partido demócrata. En Estados Unidos es costumbre hacer este tipo de gestión económico-partidista, pero lo que me pesa demasiado es que se haga introduciendo el tema de Cuba por el medio. Yo no dudo de los Estefan, yo dudo de la gestión de Barack Obama. Si esa misma colecta se hubiera hecho, en iguales condiciones, y con semejantes características, con un presidente republicano, lo que le hubiera caído encima a los cubanos habría sido coquito rallado con mortadella: el infierno de insultos y de críticas. Pero, claro, como se trata de un presidente demócrata, pues la gran mayoría aprueba.
Hace rato que vengo comentándole a mis amigos de que Joe García debe estar trabajando muy directo con algunas personas en Cuba, con una en específico, no quiero adelantar nombre, aunque lo tengo. Conocí a Joe García en un encuentro en donde estuvimos Soren Triff, Marisela Verena, entre otros amigos, en casa de María Elvira Salazar, hace años. Acostumbrada a los políticos de izquierda franceses, el personaje no me gustó de la primera impresión, pero nos dimos cita para conversar sobre proyectos referentes a Cuba. Proyectos no tenía ninguno, desconocía lo que es Cuba, o al menos en aquella época no sabía de la misa ni la mitad. No añadiré otros inconvenientes que lo colocarían en la zona más fea de una persona que pretende hacer política, como que jamás se apareció a una de las citas, porque estaba maquillándose para un programa televisivo. No sólo no me llamó para avisarme, sino que jamás contó con que yo esperaría durante horas en el mismo café de Lincoln Road donde nos citamos; por allí pasó, dos horas más tarde, lo abordé, se excusó después de sorprenderse, sin más. Entregarle el destino de Cuba a personajes como Joe García, en tanto que intermediario, y que ideólogo, o a personajes con estos perfiles, es peor que entregárselo a Carlos Ruíz de la Tejera (el parecido es circunstancial), al menos el gran actor y cómico cubano conocía a fondo su país. Espero que Gloria y Emilio Estefan no caigan en esa trampa, por el bien de ellos, por el de de la comunidad cubana en Estados Unidos, y por el del porvenir de Cuba.
¿Qué pudieran pretender estos personajes hacer de Cuba? Una pequeña China. Capitalismo salvaje, todavía más, con conexión internet, limitada y censurada, claro, y las prisiones repletas de cubanos amantes de la libertad. ¿Y la libertad, y la democracia? Bien, gracias. Lo que importaría, para estos socialdemócratas, es un capitalismo que les asegure seguir viviendo en sus cápsulas políticamente correctas, bien pensantes para algunos, y sin que nadie les perturbe la buena vida que llevan, entre el buen llantar, el buen vestir, el buen viajar, el buen vivir, y el figura’o en los medios de comunicación. Aunque debo aclararles, que no nos hagamos ilusiones, a eso ha llegado la política de hoy: no es más que espectáculo banal y refocilamiento absurdo.
Confío más en lo que está sucediendo dentro de Cuba, con los escándalos de corrupción, y las crisis internas –ya con dos muertos en su haber, uno cubano y otro extranjero-, así como lo que podría ocurrir con los movimientos de la disidencia interna que están brotando de manera inesperada en los sitios más recónditos del país. Confío en Reina Luisa Tamayo Danger, y en los disidentes que llevan años probando que lo son con creces. A ellos hay que apoyarlos para conquistar de una vez la libertad que nos merecemos como seres humanos, como cubanos; y no que nos tiren las migajas de un capitalismo a la china. Fuimos los primeros protagonistas de un capitalismo moderno, en los años 50, no veo por qué tengamos que rebajarnos a los cánones de países que nada tuvieron que ver con nosotros en historia, ni social ni económica. Aunque China, antigua civilización, aún no ha dicho la última palabra.
En cuanto a Barack Obama y su colecta, que le aproveche a su partido. Pero, vuelvo y repito, en política hay que tener luz larga. La situación de Cuba puede resolverse mañana mismo en una tarde, después de una revuelta popular; o puede tardar años. ¿Saldrá reelegido Barack Obama? En caso de que esto no suceda, ¿cómo quedaremos los cubanos frente a otro gobierno? Como unos vendidos, no al mejor postor, al peor. Y si no, ya oiremos a los nostálgicos de las épocas pasadas, criticados por ellos mismos.
Lo que sí es cierto, es que cada vez más el final de la película se aproxima. Y las butacas empiezan a encarecerse.

Zoé Valdés.