Añoranza por un tirano.
Por Charlie Bravo.
La izquierda de salón siempre me ha fascinado, lo confieso.
Woody Allen, personaje a quien solía ver en un café de la calle 91 del
Upper East Side, en la esquina con la 2da Avenida, en el más rancio
enclave de la no menos rancia aristocracia newyorkina, se nos apea con
estas perlas:
«I’m thrilled with Obama, I think it’s great. The Republican Party
should get out of their way and stop trying to hurt him.»
«It would be good if it could be a dictator for a few years, because he
could make a lot of good things quickly.”
Nada más y nada menos que en ese bastión de la decandencia burguesa que
es el Festival de Cannes. Bravo Woody, buenísima la locación y la
escenografía para tu llamado a la implantación de la dictadura en los
antiguos Estados Unidos.
«Me encanta Obama, pienso que es magnífico. El partido Republicano
debiera quitarse del medio y dejar de tratar de lastimarlo.»
En el castizo, Woody Allen, que es el marido de su propia hija adoptiva,
hace profesión de fe por su hombre político, y de paso, acusa al Partido
Republicano de «querer lastimarlo» sin especificar si le están
criticando, o lo están tocando con el pétalo de una rosa, y sugiere, sin
embargo, que algún daño físico le desean los republicanos al compañero
presidente. Magnífico. La acusación de terrorismo se lanza a los
republicanos. Me llama la atención que el compañero Woody Allen, futuro
presidente del Instituto de Artes e Industria Cinematográficas de la
Unión de Estados Socialistas de América del Norte, no diga nada de los
que han puesto bombas en días recientes en la ciudad que me enseñó a
amar con sus films, New York. No, por si las dudas, no dice nada no vaya
a ser que el compañero comandante en jefe y presidente se amosque un
poco por mencionar a los musulmanes, sobre todo después que las nuevas
reglas de corrección política no nos permiten usar las palabras
islamofascistas, Jihad, terroristas islámicos, y otras que describen
precisamente a los que se dedican a venir a este país a matar civiles.
Menos mal que es una tiranía y no un estado islámico lo que propone el
viejo Woody.
«Sería muy bueno que pudiera convertirse en dictador por unos cuantos
años, ya que así podría hacer unas cuantas cosas buenas muy rápidamente».
Woody Allen sigue con lo suyo. Habrá que decirle que los dictadores no
se conforman con unos cuantos años, sino que a veces pueden mantenerse
en el poder haciendo «cosas buenas» por la friolera de cincuenta y un años.
Es decir, el compañero presidente de la Unión de Estados Socialistas de
América del Norte no cuenta con el apoyo popular para hacer sus cosas
buenas, y la élite de la «intelectualidad neurótica» newyorkina
encuentra la solución: implantar la tiranía. Me imagino que Sean Penn
estará feliz y realizado. Este llamó a arrestar a todo aquel que
criticara al borrico venezolano conocido por Hugo Chávez Frías, el Mico
Mandante. Me imagino que ahora, en medio de un arranque de felicidad, se
lanzará a fondo a proponer que arresten también a los que critiquen al
compañero presidente. Otro que estará henchido de felicidad es Oliver
Stone, al ver que una tiranía está a punto de implantarse aquí. Hará
documentales con Obama como ha hecho ya con Castro y con Chávez. Qué
bueno. Me alegro mucho también por el grasiento defensor de toda
tiranía, el gordito Michael Moore. Al fin, su sueño realizado. Ah, esas
estrellas de Hollywood, los actores. Al fin, ya van a tener su dictador
propio para no tener que visitar Cuba y mascullar el español que
aprenden con sus criadas y jardineros, en un país lleno de gente tan
feliz que baila todo el tiempo y que sonríe tanto, Cuba.
Menos mal, que al menos se han vuelto honestos y ahora quieren para si
-o más bien, para todos nosotros- lo que recomiendan como receta
universal para el pueblo de Cuba: un tirano.
Y hablando de Cuba, no se que pensará la flamante disidente que
entrevistó al dictador en ciernes. Los tiranos suelen ser
malagradecidos, y a los primeros que le dan la puñalada son a aquellos
que les aupan. La crema y nata de la progresía americana, reconoce ahora
en la persona de Woody Allen que lo que se necesita es una tiranía para
bien de los proles y otros elementos de clase baja. Woody vió esto con
atraso, la cabeza visible de la disidencia cubana, Yoani Sánchez
equiparó a los compañeros presidentes de la UESAN y Cuba hace ya tiempo
con aquella famosa entrevista, la única que el Obamatrón ha concedido
jamás a un blogger. Estuvo involuntariamente muy clara: vió sin darse
cuenta que el muñeco de ventrílocuo estaba hecho de la madera de tirano
recomendada para la creación de un dictador.
Quizás tenga ella que echarle un vistazo de nuevo a aquel viejo film de
Woody Allen, «Los días de la radio». En el, Woody Allen rememora cómo la
radio le influyó en su infancia y cómo fue dando pasos al cine, poco a
poco, como entretenimiento principal para los habitantes de la gran
metrópolis. Como en esa producción, ya las ficciones de la radio y el
cine se tornan intercambiables con la realidad, y el espectador pierde
perspectiva de la tragedia cubana, la cual se va convirtiendo en una
insulsa comedia de egos, transmitida a través del internet. La tragedia
cubana se ha diluído, al menos en la percepción de la prensa
internacional, y Woody Allen la ve de modo tan edulcorado que a gritos
pide que en este país tengamos nuestro propio dictador de fabricación
más o menos nacional con algunas piezas importadas. Nuestro guia -en
guión del talentoso Woody Allen- sabe mejor que nosotros mismos lo que
nos conviene. Luego, cabe esperar, la transición del castrismo puro y
duro al castrismo light sera cuestion más bien facilona. No se les
olvide, el compañero presidente seguramente cuenta con algún
internacionalismo proletario para impulsar esa agenda por debajo del tapete.
Me he equivocado: pensé que en Occidente con la excepción de Alemania,
eran las naciones del árbol latino las pródigas en cultos a las
personalidades y dictadores. Ahora veo que no, que también en las
(cursilmente) llamadas «tierras de libertad» pueden prosperar estas
malas yerbas, y crecer hasta el tamaño de una sequoia. No se ha
aprendido mucho, se confunde liderazgo con caudillismo y, ante la
democracia, los que más se han aprovechado y enriquecido a costa del
sistema piden a gritos un dictador. Si un día no escribo más será que
para complacer a Sean Penn las hordas Obámicas me han encerrado después
de un meeting de repudio reglamentario. Y entonces me interrogará Woody
Allen.

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