Katyn, el holocausto del pueblo polaco. Por Leopoldo Fornés-Bonavía Dolz.

Hace poco hablamos del filme Katyn en este blog, aquí una excelente crítica:

KATYN, EL HOLOCAUSTO DEL PUEBLO POLACO

Revista de la Fundación Hispano-Cubana ,  octubre de 2009

Filme polaco sobre la II Guerra Mundial: año 2007.

Director: Andrzej Wajda

Fotografía: Pawel Edelman

Basado en el libro “Post Mortem: la historia de Katyn” de Andrzej Mularczyk.

Música: Kryzstow Penderecki

Estreno en España septiembre de 2009.

Crítica y recensión: Leopoldo Fornés-Bonavía Dolz

Nominada al Oscar 2007 como mejor película extranjera.

En los bosques de alrededor de Smolensk, Rusia, no lejos de la frontera oriental polaca, durante la primavera de 1943,  una jauría de lobos –seres siempre hambrientos- desentierran unos huesos con carne putrefacta. Un campesino de la zona avisa a los soldados ocupantes de la Wehrmacht alemana, allí desde julio de 1941. Los expertos determinan que son humanos. Algo fortuito ha destapado uno de los peores crímenes cometidos por la NKVD soviética bajo orden de Stalin y sus colaboradores.  Sobre esta inmensa tragedia humana gira la película – medios y actuaciones totalmente polacos-  del ilustre director Andrzej Wajda, 82 años, sobre el destino de los aproximadamente 22.000 oficiales, soldados, policías, funcionarios e intelligentsia polacos que las tropas del Ejército Rojo llevaron cautivos a campos de concentración de la URSS tras la invasión del oriente de  Polonia el 17 de septiembre de 1939, pactada con los Nazis unas tres semanas antes en virtud del dudoso pacto Ribbentrop-Molotov que permitió a los nazis invadir Polonia y  desencadenó la segunda guerra mundial hace ahora justamente setenta años.

El filme, rodado en unos colores que a veces recuerdan adrede a la grisalla de los documentales de la época en blanco y negro, refleja no sólo la angustia y final de los miles de prisioneros polacos capturados por el ejército rojo soviético, sino también y en especial la angustia sufrida por los familiares de éstos, sus esposas, sus padres y sus hijos. Nunca más se supo oficialmente de ellos hasta los años noventa. El filme, nada ficción, narra en ocasiones las circunstancias terribles como si fuera un documental de guerra. Es la tragedia no sólo de entre unos 15.000 a 22.000 polacos prisioneros sino la del propio director, cuyo padre fue uno de los tantos oficiales arrestados y asesinados. Las actuaciones alcanzan sus cotas más dramáticas con las mujeres, que interpretan con pathos trágico las actrices Magdalena Cielecka o Danuta Stenka.  Ante la inmensidad de la tragedia para los polacos, que perdieron un gran porcentaje de la oficialidad militar y el núcleo de cualquier futuro ejército del país en libertad, nos hace preguntarnos cómo es posible encontrar no a una pequeña clique de dirigentes perversos que conciban un asesinato masivo, -algo fácil como sabemos y siempre para que lo ejecuten otros- sino la cantidad de militares que tuvieron que apretar el gatillo de las pistolas Walther alemanas 9 mm, para disimular el crimen. No una o dos sino cientos de veces en la nuca o sobre la cabeza de hombres inermes y atados a los cuales ni conocían ni éstos les habían hecho nada. Estaban concienciados; con el cerebro lavado. En cualquier combate una cosa es disparar un arma larga en defensa y matar de lejos y otra bien distinta apretar el gatillo a unos centímetros de la cabeza de otro ser humano. Hay que estar muy deshumanizado producto de un perverso lavado de cerebro o ser muy simple. O ambas cosas. ¿Cuántas veces más tendremos los habitantes de este planeta que enterarnos de que siempre hay cientos, miles de hombres capaces de éstas y de peores cosas en nombre de cualquier idea o país? Algunos miles de rusos uniformados, igual que otros miles de alemanes, ambos escogidos, estaban acostumbrados a hacerlo. Unos asesinatos más qué más daba. Los agentes del NKVD, antes GPU, llevaban haciéndolo dos décadas contra rusos, su propia gente. ¿Por qué no entonces contra polacos enemigos también del nuevo orden” liberador”?

Fue inmensa la alharaca que armó el Ministerio de Propaganda Nazi de Josef Goebbels en Radio Berlín durante la primavera de 1943. Esta denunció el crimen encontrado en la fosa común de Katyn, donde aparecieron mal enterrados y amontonados hasta con uniforme y condecoraciones unos 4.000 oficiales y soldados polacos asesinados en la primavera de 1940 por la NKVD.  Los soviéticos lo desmintieron y culparon a la Gestapo nazi, que tampoco se andaba con chiquitas con “la solución final” contra los judíos, ya en marcha. Después de que el gobierno polaco en el exilio, encabezado por el Gen. Wladislaw Sikorski pidiera que una comisión de la cruz roja internacional lo investigara, dando cierto crédito a la acusación alemana, el gobierno de Stalin rompió relaciones violentamente con el gobierno polaco en el exilio de Londres. Desde allí el alto mando polaco que pudo escapar a la ocupación dirigía a las tropas polacas encasilladas en el ejército británico presentes en el Oriente Medio y más tarde en Monte Cassino, Italia. Para angustia del gobierno británico de Winston Churchill y Anthony Eden éstos preferían, lógicamente, su alianza con un gobierno “de malos” (los soviéticos) pero aliados al fin y al cabo, para combatir al ejército “de los peores” (los nazis germanos, el enemigo). La razón de estado se imponía sobre la ética y llevó a los británicos a echarle tierra al asunto. Eden acusó a los alemanes del crimen antes que a los soviéticos. Los primeros, por una vez y a pesar de su fama, no eran culpables. Los había tan malos como ellos, pero aliados.

La firmeza del  Gen. Sikorski en denunciar a los soviéticos, quizá,  le costó la vida. En una inspección rutinaria de sus tropas en julio de 1943 su avión, un “Liberator” americano que despegaba de Gibraltar, sufrió un “accidente” donde los funcionarios polacos e ingleses que viajaban en él, perecieron al caer el avión en picado nada más despegar. Salvó la vida “milagrosamente” el teniente piloto checo Eduard Prchal, apenas había despegado de la pista, al precipitarse  en el Mediterráneo desde unos 700 m. Se pueden suponer muchas cosas pero nunca se ha sabido a ciencia cierta de quien fue la responsabilidad del sabotaje –que lo fue- si de los soviéticos de alguna forma o de los servicios secretos británicos  horrorizados de que la URSS dejase de presionar por el este al ejército del Tercer Reich y abandonase a los Aliados con mayores bajas británicas y norteamericanas. Nunca lo sabremos.

Tras la guerra Polonia cayó fácilmente bajo la férula de la influencia soviética y de su exiguo Partido Comunista, inflado por el apoyo soviético y por la reacción contra la barbarie nazi entonces reciente. Los familiares de los asesinados –queda reflejado en el filme- tuvieron que esperar medio siglo para que el 13 de abril de 1990 el propio Mijail Gorbachov se excusase ante el pueblo polaco y los suyos y reconociese que el crimen fue cosa de Stalin, Molotov, Kaganovich, Kalinin, Voroshilov y Beria, que firmaron la orden contra activistas y contrarrevolucionarios polacos. Anteriormente, en 1998 Boris Yeltsin y Alexander Kwasniewski, presidentes de sus respectivos países,  acordaron erigir un monumento en Katyn y en Miednoie. El presidente ruso declaró entonces que el pueblo ruso no era, por supuesto, responsable del crimen sino su sistema pero que éste había asesinado a más rusos que polacos.  Al final, hace sólo un mes, en el setenta aniversario del inicio de la II guerra mundial el presidente polaco Lech Kaczynski comentó en Gdansk (antes Dantzig) que en realidad Katyn había sido-consideraba- una venganza soviética 20 años después de la desaparición de miles de prisioneros soviéticos tras la guerra local de 1919-1920 entre Polonia y la Rusia bolchevique en que los polacos consiguieron rechazar militarmente a los comunistas bolcheviques. Quién sabe.

Wajda, a pesar de su avanzada edad es el principal cineasta polaco vivo con una filmografía de unos 40 largometrajes. En ella nos da una lección de cómo se hace ameno un tema tan terrible y por otra nos advierte adónde puede conducir a muchos los totalitarismos. Es igualmente una gran lección tanto para Cuba, que ahora lee las últimas páginas de la novela, como para el resto del mundo que en estos momentos coquetea y lee las primeras páginas con una nueva versión autoritaria para llegar a la modernidad y al desarrollo como pasa actualmente en  América Latina. No deje de verla y piense en ello. No olvide nunca que los que apretaron el gatillo en su mayoría lo hicieron por convicción y odio de clase, no obligados y tras mucha propaganda. Da qué pensar. No olvide Bosnia hace sólo unos diez años.Y eso en Europa, en la posguerra y tras la caída del Muro. Y de paso, intente ver este inolvidable e importante  filme polaco. Así rendirá honores a la noble Polonia, tierra entrañable del compositor Fryderik Chopin, del poeta Adam Mickiewicz y del novelista Henryk Sienkiewicz. Para empezar.

(Cortesía del autor).