De la diplomacia cubana a la diplomacia castrista.

DE LA DIPLOMACIA CUBANA A LA DIPLOMACIA CASTRISTA.

En estos días hemos presenciado hechos que han dado la vuelta al mundo en relación a los cuerpos diplomáticos castristas en diferentes países: Noruega, y España, más precisamente en Oslo y Barcelona. Estos acontecimientos han tenido que ver con el trabajo de las embajadas y consulados castristas en el exterior, y sus tareas como diplomáticos, aparte de sus misiones como miembros de la SEGURIDAD Castrista.

Esto no siempre fue así, Cuba fue un país con diplomáticos de carrera de gran experiencia y formación, con lo que contó el régimen de Fidel Castro para ganar prestigio internacionalmente en los primeros años. Los diplomáticos cubanos siempre fueron objeto de gran simpatía en el ámbito internacional, aún en las épocas anteriores al castrismo, por su elegancia, por su preparación, por su cultura, y el conocimiento de la profesión, lo que hacía de ellos verdaderos diplomáticos.

Hay quienes dicen que la cosa empezó a cambiar con Robertico Robaina, el “flamante” ministro de Relaciones Exteriores, quien decidió deshacerse de los diplomáticos de carrera e insertar a personal de su equipo, aquellos que trabajaron con él cuando era dirigente de la Juventud Comunista y ponía a bailar lambada a los jóvenes en el Malecón. Pero la diplomacia no es bailar lambada, ni salsa, ni rumba, en rumbos bajos. Y el tiro le salió por la culata, como ya hemos podido apreciar.

En verdad, él no fue el primero que inició esta práctica. Mucho antes, Alfredo Guevara había compuesto un equipo, con diplomáticos a la carrera, que no de carrera. Y sé de lo que hablo, porque a los 22 años yo formé parte de él, como esposa acompañante de uno de estos funcionarios. La idea de convertir a escritores en diplomáticos no fue tampoco de Alfredo Guevara, en realidad no sé de quién es, porque aún antes, fueron diplomáticos Guillermo Cabrera Infante, Juan Arcocha, ambos escritores notables. La práctica consistía en alejar del ámbito cultural cubano a los intelectuales que empezaban a incomodar, y ubicarlos lo más lejos posible, en una embajada, o en una beca, como fue el caso de otros, como el de Eduardo Manet y Severo Sarduy, podían ser soluciones eficaces.

En esos casos estuvieron también, César López y Pablo Armando Fernández, quienes fueron expulsados de las embajadas y de sus cargos, ellos sabrán por qué, yo lo sé, pero espero que ellos mismos lo cuenten algún día. Por lo que haya sido, les tocó entonces regresar, y pasar su cuota de traversée du désert, o de ostracismo, de la que muchísimos años más tarde consiguieron zafarse a cambio de las consabidas loas a la revolución de cara a la vitrina, aunque por detrás, y bajito, opinaran y opinen todo lo contrario.

Con los recortes económicos de los años noventa, redujeron el personal de las embajadas. Es la razón por la que las esposas de los embajadores, en su mayoría profesionales en otros ámbitos de la sociedad, e incluso aún sin profesión alguna, pasaron a ocupar puestos de cónsules y otros puestos de cierta envergadura. Al personal diplomático se le dificultó la posibilidad de vivir en apartamentos alquilados, por lo que se vieron en la alternativa de tener que residir dentro de las sedes diplomáticas, donde viven hacinados con sus hijos. Lo de hacinados es un eufemismo, porque hacinados viven los cubanos en un solar de la Habana Vieja, como viví yo en Muralla, y luego en Mercaderes, y no ellos.

El asunto es que estas personas aceptan todas las tareas que se les encomiendan por sueldos miserables. Lo mismo cogen una pistola para asesinar a un ex seguroso, como sucedió con Azpillaga en Francia y en Londres, eso no me lo contó nadie, lo viví yo, que envían cartas llenas de calumnias e infamias contra los exiliados que han conseguido algún éxito.

De este modo, cuando yo publiqué mi segundo libro en Actes-Sud, y empecé a hacer declaraciones a la prensa, enseguida llovieron los envíos por correo de la embajada y de sus esbirros para destruir mi relación con la editorial, incluso invitaron a Françoise Nyssen a Cuba, para que ella se convenciera con sus propios ojos de las maravillas de la revolución, en aquel momento ella desistió de ir. Después intentaron meterle autores castristas en el catálogo, lo que en los últimos tiempos han logrado con Senel Paz, a través de Carmen Balcells.

Naïve es una casa disquera que se inauguró con la primera banda sonora de un libro, ese libro fue Te di la vida entera. Poco tiempo después Leonardo Padura imitaba el proyecto. Incluso, metieron a la familia Valera Miranda en la disquera, y como no les funcionó entonces usaron a una francesa que es la que cuela a músicos cubanos en las disqueras europeas, sobre todo francesas, para introducir a Raúl Paz. El cantante ha tenido un éxito relativo -únicamente en Francia- con discos titulados Revolución, y cosas por el estilo, después de haber hecho el intento con los Estefan; en entrevistas declaró y sigue haciéndolo que es músico gracias a la revolución y la baba que ya conocemos, lo que es cierto es que mantiene un lenguaje sumamente pro castrista, para nada ambiguo, aunque de vez en cuando suelta sus críticas bobas, me imagino que autorizadas. Desde entonces, los tres discos que hice con Naïve, uno detrás del otro, porque después de Te di la vida entera vinieron Café Nostalgia Live, y Un cubano en Nueva York, desaparecieron del catálogo de Patrick Zelnick.

En abril del 2003, mientras entregábamos junto a Reporteros sin Fronteras y un grupo importante de artistas e intelectuales franceses, los esbirros de la embajada castrista en París, salieron armados con hierros, palos, manoplas, martillos, y arremetieron a golpe limpio en contra de los pacíficos manifestantes. El primero que salió a dar golpe fue el cónsul, y le siguió el embajador. El primer golpeado fue el camarógrafo de Televisión Española, después arremetieron contra las mujeres, golpeándolas en los pechos, y en la cara, mientras ellas se hallaban encadenadas en el suelo (eran periodistas de RSF que se habían encadenado simbólicamente a la reja de la embajada). Las televisiones del mundo hablaron del suceso. El cineasta Ricardo Vega fue golpeado con una manopla mientras hacía su trabajo, filmaba para dos canales, uno mexicano y otro norteamericano. Fue al médico y el especialista le explicó que el golpe (el mismo que recibió el camarógrafo de TVE), que había sido dado con una manopla, era el de un especialista en artes marciales, puesto que esos son golpes que se dan en un extremo de la cara, con el objetivo de fracturar el hueso que forma la cavidad, en la que se hunde el ojo, este hueso, al ser fracturado puede perforar el ojo y botarlo de a viaje hacia afuera. Ricardo Vega inició un proceso frente a los tribunales de justicia, que no pudo ser llevado a término porque pese a que tenía en su poder la foto de la persona que le había agredido, ya esta persona no se encontraba en territorio francés, aparte de que los diplomáticos, donde quiera que ellos ponen sus pies, ese cuadrado de espacio, y ellos mismos, gozan de inmunidad diplomática, según le explicaron.

Las embajadas castristas contratan a latinoamericanos, a franceses comunistas, y a árabes para conformar brigadas de respuestas rápidas para que vayan a reventar actividades, a agredir, física y verbalmente, a conferencistas, y a quienes se les pongan por delante. Lo que pudo comprobarse en la ocupación pacífica de las oficinas de Cubana de Aviación, en el mismo año, en Francia, y más recientemente frente a la alcaldía de París, durante el evento dedicado a las Damas de Blanco. A todas esas personas les pagan, sea con dinero, sea con vacaciones y estancias gratis en playas y centros turísticos cubanos.

En una conferencia donde supuestamente debíamos de estar solamente Georges Moustaki y yo, colaron a un tipo para que hablara del castrismo, la claque castrista se encontraba en el pequeño restaurante que acostumbra a ofrecer cenas con escritores, artistas e intelectuales; eso sucedió hace algunos años en La Canaille. Me fui llorando del lugar ante la impotencia de no poder revelar la verdad de toda aquella mascarada, por respeto a Moustaki, quien después me confesó que se había dado cuenta de todo, pero que en realidad los culpables habían sido los dueños del restaurante, dos viejos de izquierda.

Los diplomáticos también envían a estos pandilleros a romper automóviles, a quemar pertenencias de exiliados, y a cometer actos de terrorismo que podríamos calificar de mediana escala.

Es sabido que vigilan a los exiliados, que esperan a que estén colocados en un semáforo para pasar en patines o en rollers y empujarlos contra un vehículo. Es sabido que son maestros en inventar accidentes de tráfico. Se cuelan en los hospitales, intentan cambiar testamentos. Crean problemas familiares entre herederos, con tal de poder ellos involucrarse y resolver el dilema a su favor. Así han tratado de hacer con la obra de Reinaldo Arenas, usando a la madre en contra del autor de Antes que anochezca; deformándole las versiones a Reinaldo Arenas sobre su propia vida, a través de esbirros que se han prestado para desvirtuar lo que contaba Reinaldo sobre su padre y su familia. Así hicieron con buena parte de artistas del exilio, a los que una vez enfermos o muertos, han querido despojar a la familia de su herencia, como es el caso de Wifredo Lam, y de otros que no comento por respeto a sus hijos y esposas.

Esos infames trabajos comienzan por las gestiones sucias de las embajadas y de los consulados castristas, que en lugar de servir los intereses de los cubanos, les roban a esos mismos ciudadanos, para favorecer y enriquecer a la dictadura.

Este nivel de violencia, de desacato, de robo, de terrorismo, tiene que acabarse, y debemos denunciarlo. Basta ya de que estos condenados sean los que representen los derechos de los cubanos en el extranjero. Es la razón por la que siempre me niego a sentarme en una misma mesa con escritores que representen al castrismo, y que en lugar de callarse humildemente, se atrevan a cantar loas al mismo. No niego que lo hice, en tiempos en que por buena educación intentaba ser moderada con estos personajes. Pero he sido testigo que con esta gente no se puede tener consideración alguna, porque esta gente es la que primero hace para acabar con uno.

Cualquier medida que se tome será mínima para cuidarse y prevenir a los demás, sobre todo a la policía, de los ataques de esta gentuza, pagada para agredir, aplastar, y matar si es necesario.

En varias ferias del libro, de buenas a primeras, me he encontrado con tazas de café que yo jamás he pedido. Cuando he preguntado al librero o a la librera me han dicho que la había dejado una persona muy amable que pasó por allí. Lo que resulta raro es que esa persona amable no hubiera dejado tazas con café para los demás escritores, ¿no?

Lo mejor es denunciar siempre, en los sitios correspondientes, en los tribunales, en la policía, donde sea. Y vivir de la manera más normal posible, pero gato, porque guerra avisada no mata soldado. Y esto es una guerra.

Zoé Valdés.