Mi encuentro con James Lord.

Estuve sentada en el sofá pulcramente blanco, escoltada por el retrato que le hizo Giacometti, durante una hora. Una hora en silencio. Una hora en el apartamento de James Lord, en la que ninguno de los dos nos atrevimos a emitir sonido alguno. Esto fue hace unos cinco años.

James Lord se desató a hablar a partir del minuto que siguió a esa hora callada. Hablamos entonces durante tres horas de Dora y de Picasso, y del pequeño bird, tan presente en sus vidas. Hablamos de todo aquel amor, perdido en los viajes, hallado en la literatura. Al día siguiente, el hombre de más de ochenta años, partió a la montaña, a esquiar.

He leído el libro de James Lord, Picasso y Dora, más de diez veces, y sigo descubriendo detalles. La fotografía de Dora Maar, su pintura tardía; toda ella, todo lo de ella, sus sueños y angustias renacen en mi, cada noche.

Zoé Valdés.