Estrellita de la escuela.

Yo siempre fui una niña estudiosa, aunque también bastante marimacha y pandillera. Me la pasaba brincando azoteas y rescatando las palomas que le robaban a mi abuela del palomar, en el solar de Muralla 160 entre Cuba y San Ignacio. No lo busquen, se derrumbó estando nosotras dentro. Me encantaba lanzarme en chivichana por la calle Muralla hasta Egido, esa calle de los Polacos, y sus imprentas y telares, perfumada al anís.

Así y todo, salí Estrellita de la Escuela primaria República Democrática de Viet-Nam, y mi primo, de la primaria Juan Gualberto Gómez, también salió como Zorro, que era el reconocimiento de la época. Menos mal que todavía no disfrazaban a los niños de Chacumbele I ni del aChesino.

Aquí me tienen de Estrellita debido a mis buenas notas; mi abuela alquiló el traje en una Casa de Disfraces que quedaba en Cuatro Caminos, cerca de donde comprábamos los canarios. A mí siempre me ha gustado llevar trajes estrafalarios, así que ese día me sentí de maravillas, pese a la rigidez de la ceremonia escolar.