LA INDIA, LA NEGRA, LA CHINA, LA CRIOLLA, LA MULATA, LA EUROPEA «EH BIEN, ELLES T’ENMMERDENT »!.
Zoé Valdés.
La ciudad de París se vuelca en estos momentos con Jean-Michel Basquiat, su obra se muestra en el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, y además acaba de estrenarse en las salas comerciales el documental Basquiat: The Radiant Child dirigido por Tamra Davis, basado en unas entrevistas –inéditas hasta ahora- que Davis le hizo a Basquiat dos años antes de su muerte, a los 27 años, en 1988, a causa de una sobredosis de heroína. (Puse un post en este blog hace unos días).
Acabo de ver el documental y he salido destrozada. Debo aclarar que ya me fui al cine descompuesta, al enterarme de la decisión de la Unión Europea de flexibilizar la posición frente al castrismo, que ya de por sí era flexible, y de ver un video donde la señora Trinidad Jiménez, Ministra de Relaciones Exteriores de España, miente descaradamente. Debo pedir perdón al espíritu de Basquiat por mezclar estos temas tan soeces de la política cubana con su obra, pero estoy segura que él me entendería ¡y cómo!
A los quince años Basquiat decidió que sería pintor. Durante años se dedicó a garabatear con graffitis y poemas los muros neoyorkinos, junto a un amigo, y los firmaba SAMO; el documental cuenta su historia, y la historia de su pintura. Es la historia de otro genio incomprendido, es la triste historia de un genio solitario. Pero con dos agravantes, Basquiat se hizo famoso, vendió, devino rico, y empezó a frecuentar compañías que sólo lo buscaban por su posición y su rareza; además, su obra se comercializaba bien, pero los críticos, en su gran mayoría, no la comprendían, la menospreciaban, no entendían que aquella obra fuese el resultado de un estudioso. Suponían que provenía de un chico malo, callejero y adulado, lo que también era cierto.
En un momento, uno de sus amigos cuenta en el documental, que Basquiat empezó a padecer, a ser objeto, de un racismo elitista. En las galerías, en medio de los openings, era el gran artista con el que todos querían drogarse y al que todos querían meter en su cama, pero una vez fuera, por su color de piel, y por su indumentaria, ningún taxi se detenía ante un negro de pasas indomables.
Otro amigo cuenta cómo se le partió el alma al verlo solitario, sentado en un bar, en una noche de fin de año; y estamos hablando de un artista en el climax de su carrera, jovencísimo, y con un mundo por delante.
Andy Warhol lo protegió, pintaron juntos, pero la crítica tampoco comprendió esa alianza. Unos decían que Warhol abusaba de su genio, y otros, que Basquiat perseguía y adquiría prestigio bajo el ala de Warhol. Éste muere súbitamente, Basquiat cae en una depresión profunda, y se hunde más en la heroína. Dos años más tarde de la muerte de Warhol, es el turno de Basquiat.
La soledad en esos casos es mala consejera, y eso fue lo que le sucedió a Jean-Michel Basquiat, se sintió solo, se sintió sucio, se sintió despreciado, se sintió diferente, o lo hicieron sentir diferente, pero por negro, por raro. A mitad de la película empecé a recordar ese verso de Aimé Césaire: “Eh bien le nègre, il t’emmerde!” (“El negro se caga en ti”), que tanto se ha repetido en estos días en la televisión francesa, debido a una metida de pata de Jean-Paul Guerlain, el perfumista, al que al preguntarle por su carrera, respondió que él siempre había trabajado como un negro, para rectificar enseguida: “si es que los negros han trabajado alguna vez”. Frase desacertada e inadmisible, que enseguida obtuvo respuesta con una carta abierta de Audrey Pulvar, presentadora de la televisión francesa, de origen martiniqués.
Yo viví los años ochenta entre Cuba y París, puesto que trabajaba por contrata para la UNESCO, y pude compartir con los pintores de la generación de los ochenta, tanto los cubanos como otros del mundo entero que pasaron por Francia, con lo cual esa gran movida artística que constituyeron los años ochenta en el mundo del arte la viví muy temprano. Los viví desde dentro y desde lejos, al mismo tiempo, es la razón por la que al salir del cine sentí un profundo dolor, un dolor que llevo callado durante décadas. Un dolor horrendo y poético a la misma vez. Y ese dolor va por Basquiat, por los pintores cubanos, genios a su vez, de los años ochenta, genios perdidos para siempre a causa de la política, y por todo lo que nos está pasando hoy.
Hoy, y aclaro que este es un dolor prosaico, que nada tiene que ver con la poesía, producido por la Unión Europea, y por Trinidad Jiménez, una ministra que pasará sin pena ni gloria, como cualquier ministro de su calaña, pues bien, ellos han considerado públicamente que nosotros, los cubanos, no tenemos derecho a la libertad. Y bien, yo, la india, la negra, la mulata, la china, la europea, je t’enmerde! ¡Yo me cago en todos ellos!


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