DE LA GENTE QUE SE RETRATA CON LA CABEZA LADEADA.
A mi querida Isis Wirth, ella lo disfrutará como nadie.
No sé, yo tengo un problema con la gente que se hace fotos con la cabeza ladeada. No falla, suelen ser personas que quieren aparentar lo que no son, y lo primero es que desean dar la imagen de que son buenos, o sea bondadosos, lo segundo es que ansían hacer creer que son personas cultivadas, aunque modestas, humildes. Porque para ellos la cultura es algo que enaltece y encumbra hasta molestar, y lo que no hay es que molestar, mucho menos al pueblo, a lo que ellos no pertenecen, ¡no qué va, Dios los libre! Ellos nacieron cultos y con la cabeza ladeada, pero la ñamería se les sale por las costuras, y pueblo no se considerarán jamás. Ellos nacieron con título nobiliario, lo que habría que comprobar, pero entre una cosa y otra… los que nos hacemos los bobos fingimos que nos dejamos engañar.
De aquellos que nacen cultos escribiré en otro momento. Les aseguro que es un espécimen que se da como el bledo o la pangola (bueno no sé si quedará bledo o pangola, igual se las comieron, o las pusieron por una casilla de la libreta de racionamiento) en Cuba, vas caminando tranquilamente, tropiezas, sacas un boniato y aflora un nacidoculto, que es como yo les llamo. Y recordarán que la gente del campo le llamaba a los granos, nacido.
Bien, pero hoy les toca a los que se hacen fotos con la cabeza de lado, así, semi-caída en el hombro, y con una falsa sonrisita benévola, sin embargo, la víbora le sale por los huecos de las encías.
Cada vez que veo a alguien que se hace una foto de cabeza ladeada huyo de él como de la peste bubónica. También podría equivocarme, porque lo que no podemos es generalizar. Además, los fotógrafos suelen colocarte con la cabeza ladeada, es lo corriente, y eso es otra cosa. Ahora, cuando es uno mismo el que se coloca la cabeza de lado, uf, de eso emana un tufo a podrido inaguantable.
Fíjense en algunas fotos de los cabeci-ladeados, no han hecho nada en sus repuñeteras vidas, pero se venden como la última Coca-Cola del desierto, o la divina chancleta envuelta en huevo. Yo les tengo pánico, porque suelen ser personalidades conflictivas, mitómanos, que plagian las vidas de los demás, y sin vergüenza de ningún tipo se ponen a contar cuentos como si lo que le sucedió a otros les perteneciera.
Los cabeci-ladeados en las fotos, además, tienen varios defectos –como todos nosotros, que también estamos hechos de defectos, y de virtudes, menos mal- pero poseen dos que sobresalen por encima de los demás: son traicioneros y politiqueros. Ayer estuvieron con La Chambelona, después con La Piñata, y pasado mañana con La Trompeta, la cosa es coger cajita en cualquier cumpleaños, en el que se presente.
Lo otro es que les fascina vacacionar con el dinero de los demás, y para eso se inventan castillos en el Midi, títulos honorarios a los que jamás tuvieron ni tendrán acceso; y hasta se consiguen a unos cuantos comemierdas que les compran medallas para inflarles el pecho y el curriculum.
Esos cabeci-ladeados, por supuesto, están en la última de los muñequitos en relación a Cuba.
Ayer andaban con la lengua afuera perreándole a un escritor célebre del exilio, por poner un ejemplo, y pasado mañana se las arreglan para perrearle a otro del castrismo, ah, y si se descuidan hasta le perrean al embajador de turno de la embajada castrista, para que les den un viajecito a la isla. Comparan a la hija de Chacumbele con la hija de Hitler –todavía no se enteraron de que Hitler no tuvo hijas, al menos yo soy la que no se ha enterado de que las tuviera, ni me importa. Está de más que les aclare que son antisemitas, y lo llevan como carta de presentación. Y peor todavía, se sitúan a la sombra de las figuras que de verdad están trabajando por la libertad y por la vida, y lo hacen porque ellos piensan que de ese modo les caerá un puñado de euros y otro chorro de dólares. Y les caen, porque para colmo, son unos maestros en extraerle –en algunos casos, succionarle- el dinero a los ingenuos.
Yo les aconsejo, tengan cuidado con aquellos que se hacen fotos con la cabeza ladeada, y además ponen esa sonrisita de yo no fui. Una manera de distinguirlos de manera más objetiva es la siguiente: Pregúntenle por las lecturas, no serán muchas –porque a la larga son incultos a matarse-, pero el Tartufo de Molière seguro que se la saben de memoria. Con esa obra se identifican endemoniadamente, no, perdón, Molière tuvo la gentileza de escribir sobre sus vidas (no derrochan ninguna modestia, claro está), antes de conocerlos, o sea, antes de que ellos nacieran, con esa sonrisita babosa, y la cabecita pelona de recién nacido, ladeada.
Zoé Valdés.



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