Un día como hoy (hace 100 años) nació la poesía en Trocadero 162.

UN DÍA COMO HOY NACIÓ LA POESÍA EN TROCADERO 162

“Trocar, Trocadero, anapestos, trocaico, se deciden…”

José Lezama Lima

Pude haber palpado el colchón de la cuna en la que dormiste de niño

Porque entré en tu cuarto, aparecida y sombreada

Abracé el caballito de madera, allí donde balanceabas las piernas de

Los fugados hacia el muro del Malecón y las catilinarias

Desbocadas en la boca del Cemí

La tinajera y los dedales oyeron la melodía etrusca que yo oí

La mujer abrió el álbum de fotos y me indicó tu rostro

Eras el mismo señor      sereno de bolsillos de alforjas

y yo la misma niña detrás de los ojos almendrados

Tirándote migajas desde el Parque de los Enamorados

Después hecha un ovillo a los pies de la estatua de José de la Luz y Caballero

La mujer sorda subió su cuello de encaje el día en que te entregó el

Cake por tu cumpleaños de parte de su hijo

Ella fumaba igual que tú tu tabaco     lo de ella era el cigarrillo

entre los labios violetas y la ceniza terca

Regada sobre la pechera de su blusa de hilo blanca

El dios Neptuno de la calle Empedrado movía los brazos

De piedra y humo y pergamino

Imperceptiblemente nadaba y el océano se retenía en un ojal

De aquella camisa que le gustaba a María Luisa con pétalos

en los entresijos y dobleces    y piedras celtas    y alpiste

En el Boulevard Bourdon donde se sentaron Bouvard y Pécuchet

Evoco tu nacimiento y tu respiración embalsamada en aceites

Pomadas hierbas en las manos de Baldomera-Baldovina

Mira, mira, el canario abatido en los guayabales

Barnizo con alquitrán la viga que sostiene el techo del cuarto

El padre Gaztelu escribe aquel poema extraño en el Seminario

de San Carlos y San Ambrosio    y me entrega el manuscrito

una vez archivado en su tetilla izquierda

y se difuminan sus greñas teñidas con azul de metileno

al papel carbón de Ramón y el monaguillo

Abajo te espera para conducirte a la iglesia de Bauta

Juntos vuelven a abrir el capó del vehículo

lo que se convierte en un juego infantil entre todos esos poetas

de los orígenes del exilio y de la duda cartesiana

O la palabra pascaliana

Tu casa era un burujón de cartas, una montaña de libros, y cuadros

Y versos de leche

A relieve en una pared húmeda y carcomida por los ratones  y huracanes

Y las cucarachas a las que les leías Fragmentos a su imán

O describías a Eloísa tu Inaca Eco Licario

Hubo además alacranes analectas del reloj sombríos cataclismas

Enervantes rapsodias y un ampollado bolero de Ravel,

Demonios de Paul Claudel, Satie y la cruda belleza de Béla Bartóck

Sumidos en la lectura de Marcel Proust cuya melodía salpicaba ciruelas

Los diablillos sonreían   echaban a andar en puntillas

Aún resuenan sus pasos en los travesaños

Palmaditas de jardines donde las muchachas se pasean a horcajadas

Encima de los cisnes          amazonas escarmentadas cinceladas

En oro y canela           ecuaciones melancólicas trajinadas

Repentinas y drogadas con cianuro y almidón

Naciste y contigo la virgen por fin tuvo a su poeta

Eras el padre de su hijo    y también su hijo    y ella sabía

Que sólo huyendo de tu deseo podía aplacar tu sed

Y ella anudar su latido con un trago de absenta

Entonces colocó la túnica azul encima del espasmo

Del pecho congestionado por el asma que te hizo escribir

Como un dios atareado en soplar nubes

En medio de un paraíso de excrementos

Como el vidriero veneciano creador del frágil destino de Marco Polo

Yo estuve allí donde el suelo se hunde y el cenicero de Murano

Sobrevivía a tus atuendos de cazador de fábulas

Yo hundí el dedo en el tokonoma y en el corazón del pájaro

Que revoloteaba en el pasillo, entre los manteles blancos

Tendidos al sol, abrumado por la demasiada penumbra

De la noche que describías como un lapislázuli

Moldeado y pulido por la sombra

Licuados mis dedos mojaron las cartas del joven machetero

Que te escribía admirado desde lo más recóndito

De aquel campo cañero y que ansiaba conocerte mientras

Los demás se empecinaban en manchar lo que significaba

Que hubieras nacido entre columnas salomónicas

Envuelto en el zurrón de zafiro de la poesía

Durante más de treinta años te he escrito cartas

Poemas apenados dramas arrepentidos

Y toda suerte de escritos declaraciones bromas seriedades

Llantos carcajadas enfermedades amoríos traiciones

Durante más de treinta años he presentido

Que frecuentabas adolorido la carne porque eres el poeta del deseo

De la imago del conocimiento más que de la sabiduría

Eres el maestro de la nada que es sólo la nada

Lo que pudiera interpretarse como que en Cuba sólo hay dos José

Que murieron asesinados por esa misma nada obscena

José Martí y José Lezama Lima

Durante más de cien años los he esperado a ambos

Sobrecogida entre sueños nebulosos y atribulados

Sofocada mientras empinaba aquellos versos de Mallarmé

O los preferidos tuyos de Rimbaud:

Oisive jeunesse à tout asservie

Par délicatesse j’ai perdu ma vie…

Zoé Valdés. 19 de Diciembre del 2010.

Béla Bartók: