De la arriesgada y compleja situación de la política francesa actual.

DE LA ARRIESGADA Y COMPLEJA SITUACIÓN DE LA POLÍTICA FRANCESA ACTUAL.

Zoé Valdés.

Se acercan las elecciones francesas y poco ha cambiado en este país bajo la presidencia de Nicolás Sarkozy. Muy poco, en relación a los cambios de fondo que se esperaban de un político que prometió quizás mucho más de lo que ha podido, o ha querido hacer. Podemos afirmar que la política exterior de Francia es muy buena, pero la interior deja mucho que desear, aunque no estamos peores que otros países, dado que la crisis no nos ha afectado del mismo modo que en otros estados europeos. Según las estadísticas, bastante fluctuantes, de acuerdo, el desempleo ha bajado, ya es algo.

Sin embargo, el Partido que hoy gobierna, la UMP, goza de buena salud, y sus integrantes de primera fila son personas competentes y con posibilidades de reemplazar a Sarkozy. El problema que tiene este partido es que no tiene contrincante, por lo que la credibilidad de su eficiencia baja en la medida en que cualquier situación o acción se les facilita sobremanera.

En el Partido Socialista, bastante destruido, por cierto, sobresalen demasiadas cabezas de medio pelo. Antier en la celebración del 15 aniversario de la muerte de François Mitterrand, en Jarnac, se encontraban los posibles presidenciables, algunos de ellos han socavado el PS con sus manías de grandeza y polémicos individualismos, lo que es el caso de Segoléne Royal, y de hasta el propio Dominique Strauss-Kahn, que es el que más apunta a ganarle a Royal, más en prestigio político que en popularidad, dado que Martine Aubry resulta bastante provinciana para los franceses, lo que es un error, porque –políticas aparte, y salvando las grandes distancias- quién habría jurado por Angela Merkel, y ahí la tienen, como una de las más destacadas políticas del mundo. Manuel Valls se ha ido apagando, nadie sabe por qué, y François Hollande –sin carisma ninguno, pero eso no importa en este país- ha sido aplastado por la descollante figura, en el pasado, de su ex mujer: Segoléne Royal. Poco carismática, pero bastante manipuladora de las masas.

Ayer supe por un programa de televisión que ésta última tuvo el mal gusto de repartir panfletos de una intervención o antiguo discurso de François Mitterrand prologado por ella; como política y líder que es de la región no es nada particular, pero como posible candidata a la presidencia es la prueba de que vuelve a las andadas con sus pretensiones insoportables, las mismas que la hicieron perder ante Nicolás Sarkozy, gracias a dios y a la virgen, que se habrá puesto bastante molesta al notar que la Royal intentaba plagiarla al hacer cuanto discurso se le ocurriera con los brazos abiertos invocando invariablemente el célebre “uníos los unos con los otros”, que tanto recordó lo de “amaos los unos a los otros”, y que desternillaron de risa a los franceses.

La Vestal, digo, La Royal, lo tiene duro, aunque todo depende de cómo estén las cosas de aquí al 2012, y de la instrumentalización que haga su Partido de ella o de los demás. Un Partido Socialista situado en lo más bajo que se pueda esperar, y en gran parte mucha culpa la tiene esta señora.

No me preocupan las figuras del partido de la UMP, como ya dije sobran las figuras que podrían reemplazar a Sarkozy.

Me preocupa, sin embargo, Marine Le Pen, la hija del ultraderechista Le Pen, quien a todas luces sucederá a su padre en el Partido del Front National, un partido de ultra derecha. La mujer es joven, y sin embargo lleva treinta años de vida política activa. No resulta tan repelente como su padre, todo lo contrario. Es inteligente, tiene respuestas rápidas, y se le cuela a la prensa, tanto, que la prensa no prescinde de ella, todo lo contrario, tampoco lo hacía de su padre, pero se cuidaban mucho más de la presencia de éste.

Marine Le Pen como candidata por el FN podría pasar cómodamente en una primera vuelta de votaciones, frente al Partido Socialista. Entonces, ahí es donde el PS, podría aprovecharse y darle tranca al UMP valiéndose de que en este país, primero muertos que tener un Partido de ultraderecha en el poder. Lo que hizo ganar a Jacques Chirac en su última presidencia, frente al socialista Leonel Jospin, o sea, los franceses votaron por Chirac, para impedir a toda costa y costo que ganara Le Pen. Sin embargo, Sarkozy no recauda el historial de Chirac, y Royal podría convertirse en la opción del cambio, del varapalo a las dos derechas: la de centro y la ultra. Marine Le Pen es, como dicen aquí, el jeton de la fortune.

Pero, ¿quién es Marine Le Pen? ¿Una seguidora de la política de su padre, o una política renovadora que quiere conducir la ultraderecha hacia una derecha conservadora? No lo creo. Anoche la oí expresarse en un programa televisivo. Se enfrentó a tres periodistas y a los tres los batió cómodamente. Dio la imagen de una mujer hecha de tradiciones, defensora de la nación francesa, y de la pureza de la cultura francesa, pero de manera moderada, lo que yo no me creo ni aunque me la envuelvan en papel celofán. Su política contra la inmigración y el extranjero no es para nada ambigua. Sin embargo, se ha servido de los islamistas de Francia, de algunos de ellos para llevar a cabo su campaña publicitaria, como fue el caso a través del actor antisemita Dieudonné, quien se ha prestado para aparecer en las campañas publicitarias de Le Pen (padre), quién además es el padrino de su hija. Dieudonné, para colmo, ha coqueteado en el pasado con el Islam, aunque también ha insultado a los musulmanes (no sea más que para contrarrestar sus anteriores acciones que le han valido el desprecio de una parte de su público y estar en el centro de la polémica: invitaciones de revisionistas de la barbarie nazi a sus espectáculos teatrales, manifestaciones públicas en contra de los judíos), luego de burlarse e insultar en múltiples ocasiones a las víctimas del Holocausto.

Marine Le Pen no se ha desmarcado de estos personajes, pero no sólo eso; ayer, cuando uno de los tres periodistas le preguntó su posición frente a las polémicas palabras de su padre sobre el Holocausto y si ella pensaba igual que su padre en cuanto a dudar de que las cámaras de gases y la exterminación de los judíos por los nazis hubiese existido, la candidata que deberá o probablemente reemplazará a Le Pen respondió como la hija que es, y como la persona que piensa igual que su antecesor político. Regla número uno: No contradecir a su padre públicamente. Regla número dos: No contradecir a Jean-Marie Le Pen, y todo lo que él significa, en público. Ninguna de las dos reglas está divorciada de la otra.

Marine Le Pen goza de gran popularidad, es innegable y sería de idiotas esconderlo. Ahí está el peligro. Pero el peligro mayor es que los socialistas no han sabido renacer de las cenizas, y todavía andan, por lo que se ve, instrumentalizando el cadáver de François Mitterrand, al que ellos mismos enterraron bien hondo, con sus propias acciones de rebatiña personal.

Zoé Valdés.