«APRECIADO» Y… ODIADO GADDAFI.
Gaddafi dio recientemente una entrevista a la BBC donde confiesa en medio de la euforia más neurasténica que su pueblo lo adora y que ese mismo pueblo estaría dispuesto a morir por él; añadió que aquellos que se han levantado en su contra, los que según él son pocos, han sido endrogados por Al Qaeda. Curiosa reacción la de este dictador que sabe muy bien que está a punto de caer, puesto que una gran cantidad de rebeldes libios cercan ya la capital de Libia; después de haber perdido varias ciudades importantes del país su fragilidad es evidente.
Lo curioso de esta entrevista ha sido la cara del periodista, que apenas podía ocultar la mueca de burla, a punto de estallar de la carcajada. ¿Hubiera reaccionado este periodista igual antes de las revueltas árabes? No lo creo. La mayoría de estos periodistas, al igual que los grandes jefes de estado, se arrodillaron delante de la figura de este fantoche criminal, presuntuoso, vestido siempre como un monigote, ideólogo de las barbaridades más inimaginables.
Recuerden y busquen en los archivos de internet, antes que las borren, las fotos de los jefes de estado junto a este tipejo, depredador de los derechos humanos, criminal sin vergüenza. Sin ir más lejos, en la última visita a Francia exigió que le permitieran colocar su tienda de campaña en los jardines del Eliseo, y no trajo camellos de milagro; todo deseo se le fue estrictamente cumplido.
Sin embargo, Gaddafi ha pasado de ser uno de los dictadores más venerados, a uno de los más odiados, en cuestión de días. Hasta Barack Obama, su más reciente admirador, exige cerrar el espacio aéreo de Libia, y todos, absolutamente todos le invitan a renunciar por el bien suyo, pero sobre todo para el bien del país. ¡A él qué carajo le importa el país! Tanto él como uno de sus hijos han amenazado con hacer desaparecer Libia del mapa antes que abandonar el poder, y toda su estirpe está por la misma onda.
Todo esto me recuerda a otro viejo dictador, el Coma Andante del Caribe, y a su hermanazo, el sanguinario Raúl Castro. ¿Habrá que esperar que haya una masacre en la isla para que los jefes de estado y la ONU reconozcan el sacrificio del pueblo cubano, como ahora reconocen bastante tardíamente el de los pueblos árabes?
No puedo entender cómo el presidente norteamericano trata de dictadores a unos y a otros, los que lo son también con toda evidencia, como es el caso de los dos viejos cagurrientos castristas, los deje hacer y deshacer. ¿Por qué no actuar antes de que no haya remedio para nadie? No empleo el término “demasiado tarde”, porque para los cubanos ya es hora desde hace muchísimo rato de que los norteamericanos y el mundo entero apoyen la lucha de los cubanos por la democracia y su derecho a tomar las calles en el caso que lo decidieran, tal como hemos visto en Túnez, Egipto, Libia, Yemén, Argelia, Marruecos, y hasta en China.
Todavía no sabemos en qué pararán esos países, al parecer los egipcios no están contentos con el comportamiento de los militares, y mientras más se demoren en crean un gobierno estable, por la vía de las urnas, más tiempo ganarán los que se quieren apoderar de los movimientos libertarios de los jóvenes: por ejemplo los miembros de la Hermandad Musulmana podrían aprovecharse de la pérdida de tiempo, e implantar un gobierno religioso, tipo Irán. Pudiera suceder, lo que desde luego, como ya han avanzado los especialistas del Medio Oriente –al que muchos han comenzado a llamar el Miedo Oriente- sería horrendo. Otros confirman que los jóvenes lo evitarían a todo costo.
Ahora, eso sí, todos aquellos que cantaban las loas de Muammar al Gaddafi, y se hacían la foto, y aceptaban los regalos, están todos muy calladitos, diría que demasiado. Otros se aprovechan y claman en contra del tirano, y tiran las fotos al basurero. Andarán muy ocupados en ver por dónde irán los tiros en caso de que caiga el dictador junto a su estirpe, cosa de apuntarse en la agenda los nuevos nombres, hacerse la foto de turno, y esencialmente no perder el negocio del petróleo, que de eso se trata.
Así que adiós, odiado Gaddafi, contigo pasaron muchos de ellos entrañables momentos de abundancia, pero con esos momentos sólo se mojaron unos cuantos, entre tanto el pueblo libio se moría de hambre, ansioso de libertad.
Zoé Valdés.

Deja un comentario