DE MAMBISES, GUSANOS, Y CORBATAS.
Me recuerda Miriam Gómez que hace muchos años, en 1996, a raíz de conocer a Guillermo Cabrera Infante y a ella, el autor de Tres Tristes Tigres, y de toda una obra extraordinaria, me comentaba su apreciación de mi novela La Nada Cotidiana, y decía que le había gustado que el personaje de La Gusana fuera tratado con tanta ternura, y que, el que yo hubiera elegido ese nombre para definirlo, un epíteto que tanto usó y usa la dictadura castrista para denigrar a los cubanos opositores y exiliados, para construir un personaje de los mejores que él había leído había sido un acierto. Y añadió que era lo mismo que había sucedido con la palabra mambí, que la usaron los españoles para denigrar a los rebeldes cubanos, y con el tiempo la palabra mambí se transformó, y de ser un adjetivo abyecto, devino un sustantivo glorioso.
Con toda honestidad, lo único que yo hice al escribir ese personaje fue traducir algo que ya estaba ocurriendo entre los cubanos. En mi juventud ser gusano ya era lo máximo entre la gente joven y branchée y ser militante era el equivalente a ser militonto. De hecho, me las ingenié para que La Gusana se tropezara en su camino a La Militonta, que también existe como personaje en la novela.
Miriam Gómez y yo, y algunas otras personas, nos hemos percatado de que los presos que han sido ex carcelados en los últimos meses, en su gran mayoría, han salido muy bien vestidos con camisa de cuello, corbata, y pantalón de traje, sin el traje, con el objetivo de dar un tipo de apariencia. Uno de los presos declaró en una entrevista que esa indumentaria se la entregaba el gobierno antes de subir a la escalerilla del avión, y a los que se han quedado me imagino que los habrán vestido de esa forma antes de salir de la celda, para que la prensa, cuando los tomen en fotos, de la imagen de gente que no ha sufrido, que más bien son personas que aspiran a vivir de cuello y corbata, lo que en el mundo del izquierdismo se traduce en ser unos “vivebien”, unos capitalistas.
Yo propongo que la corbata -tal como las palabras mambí, gusano, y señor y señora (muy a la moda ahora entre la gente que trabaja en el sector del turismo en Cuba, pero que fue prohibida en la era del castrismo a la soviética para reemplazarla por compañero, o camarada)- devenga un símbolo del coraje, de la valentía, de la resistencia de estos hombres y mujeres que han pasado años en presidio, que la corbata sea vista como una medalla al anticastrismo, al revolucionario opositor, al pacífico opositor. Propongamos trocarle los símbolos a la dictadura, y lo que ellos quieran imponer como señales vejatorias, humillantes, se convierta en grados distintivos, en condecoraciones, y que cada estupidez que diga la dictadura sea revertida en cultura, esa cultura de la resistencia y del exilio, creada y recreada por los pueblos que han salvado a la humanidad de la vulgaridad y del horror.
Zoé Valdés.

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