

Llegué anoche a Saint-Louis, en Alsace. Hice el viaje por tren. Me detuve en una esquina y alguien me señaló detrás de unos edificios rojos: aquello es Suiza, y detrás de aquella montaña se encuentra Alemania. Es lo que me gusta de vivir en Europa, las fronteras apenas existen. Bordeo uno de los canales del Rhin, un río que es hombre, padre, amante. No como la Seine, que es mujer, madre, querindanga.
Esta mañana empecé temprano mi trabajo en el Salón del Libro de Saint-Louis, presenté Le Paradis du Néant, en compañía de Raymond Courau, luego hice algunas entrevistas de radio y televisión, y me fui a las firmas de libros, dedicatorias.
En el mismo stand estamos Eduardo Manet, y uno de los críticos literarios más importantes de Francia, Éric Naulleau. Las ferias y salones de libros poseen el encanto de encontrar a los lectores, y de compartir mesa con escritores, críticos, e incluso actores, actrices, y personalidades del mundo de la economía, de la política, etc. Patrick de Carolis, Presidente de France Télévision es un periodista reconocidísimo, y novelista, vino a saludarme cariñosamente, ambos formamos parte del Jurado de la Fundación HSBC de la Fotografía.
Abrazo también a mi querido y admirado Gilles Lapouge, paso junto a Françoise Bettencourt-Meyers, la hija de Liliane Bettencourt, la mujer más rica de este país. Converso con Catherine David. Conozco a Leslie Devos, hablamos de nuestros padres, el de ella es el célebre actor, comediante, Guy Bedos. Leslie Bedos es una mujer de una gran belleza, esquiva aunque simpática. Me gusta la gente arisca.
Estoy sentada entre Joëlle Miquel, novelista, actriz y co-escenarista de Eric Rohmer, de Claude Pinoteau, de Claude Lelouch et Jean-Jacques Beinex, y Patrick Haimzadeh, que ha escrito el mejor libro sobre Libia y Khadafi, vivió cuatro años en aquel país en guerra civil ahora. El joven de orígen egipcio Lassaâd Metoui me dedica sus caligrafías árabes, extraordinarias. Descubro escritores jóvenes, sonrientes, emocionados de participar en sus primeros salones del libro, y recuerdo, que yo nunca tuve ese derecho en mi juventud, en Cuba, pero Francia me lo dio, y aquí hallé la verdadera esencia de la literatura, es sencillo: el de la libertad interior à tout jamais.

Videos, muy temprano en la mañana, a media mañana, y hacia el mediodía:
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