Discurso de 1966:
«Esta revolución es afortunadamente una revolución de hombres
jóvenes. Y hacemos votos porque sea siempre una revolución de
hombres jóvenes; hacemos votos para que todos los
revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo
biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos
estamos volviendo biológica y lamentablemente viejos; hacemos
votos para que jamás esos métodos de monarquías absolutas se
implanten en nuestro país y que se demuestre con los hechos
esa verdad marxista de que no son los hombres, sino los
pueblos, los que escriben la historia.
(….)
Quienes se creen insustituíbles para sus pueblos piensan con
la misma mentalidad de esos que creen que asesinando a los
dirigentes de la Revolución asesinarán la Revolución. El día
en que cualquiera de nosotros se creyera indispensable,
estaría pensando igual que esos terroristas; dejaríamos de ser
marxista-leninistas.
Las monarquías absolutas, en medio de todas sus inmensas
desventajas, tenían al menos la ventaja de que había un
heredero del poder. Aceptar el método y el sistema de las
monarquías absolutas en el socialismo es el peor de los
absurdos, porque entonces empieza la lucha de los aspirantes a
monarcas absolutos. ¿Y para qué sirve un partido donde todo
gira alrededor de un hombre?
(….)
Y volviendo, para finalizar esta parte, a la idea que
expresara, a los votos que hacía porque todos nosotros los
hombres de esta Revolución, cuando por una ley biológica
vayamos siendo incapaces de dirigir este país, sepamos dejar
nuestro sitio a otros hombres capaces de hacerlo mejor.
Preferible es organizar un Consejo de Ancianos donde a los
ancianos se les escuche por sus experiencias adquiridas, se
les oiga, pero de ninguna manera permitir que lleven adelante
sus caprichos cuando la chochería se haya apoderado de ellos.»
Fidel Castro Ruz
13 de marzo de 1966.
«Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado».
José Martí.
Nota mía: Este fragmento de discurso me lo envió Miriam Gómez, no solamente para remacharle a los Castro lo viejos cagalitrosos que son como para continuar tan campantes en el poder, según sus propias palabras, además para recordar y celebrar (si es que pusiera ser motivo de celebración) la destrucción por parte del castrismo de otro sitio habanero más que sólo quedará eterno en las novelas de Guillermo Cabrera Infante: El Atelier de La Ninfa Inconstante y de Cuerpos Divinos; como mismo quisieron derrumbar y derrumbaron La Fabela (le llamaban en mi tiempo) El Solar de Zulueta, y sin embargo quedó intacta en la novela La Habana para un Infante Difunto.
El Atelier, fue un sitio nocturno de los que abundaban en La Habana que los castristas destruyeron para inventarse recientemente un club dedicado a John Lenon, después de prohibir durante décadas a Los Beatles y de mandar a la cárcel a aquellos que tuvieran discos de ellos; no sólo es picúo y atrasado dedicarle un club a John Lenon donde estuvo El Atelier, un lugar de culto en las novelas de GCI, además no se dan cuenta que los dictadores pasan y la literatura queda; y La Habana de Guillermo Cabrera Infante y de Miriam Gómez ha sido inmortalizada en las novelas del autor exiliado en Londres. Ellos, los dictadores, quedarán como los destructores de la gran ciudad que fue La Habana durante la república.

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