¿’Querido’ terrorista?

¿’QUERIDO’ TERRORISTA?

Puedo entender que un joven de dieciséis años sienta la necesidad de escribir al asesino que estuvo a punto de acabar con su vida en Utoeya, y que es, él está consciente de ello, el mismo criminal que le robó la existencia a sus compañeros en menos de una hora; es muy probable que lo haya hecho para evacuar su ira de una manera pacífica, de modo terapéutico, pero francamente todavía estoy esperando que alguien me explique para qué sirve que esa carta que empieza con la palabra ‘querido’ haya sido publicada en los periódicos del mundo entero, sin que todavía la justicia haya decidido cuál será el castigo que recibirá Anders Bréivick por cometer un acto de terrorismo.

Tal vez se trate de un asunto religioso, o sea la reacción de un creyente, y como Bréivick confesó ser un cristiano excéntrico y extremista, pues entonces una de sus víctimas haya querido parecerlo todavía más, y en un acto de fe cristiana haya querido poner la otra mejilla. En cualquier caso, el mensaje que se lee en el titular de esa carta no es otro que: las victimas perdonan a los terroristas. Lo que a mi juicio está muy mal. Porque entonces querría esto decir que cualquier acto violento debería ser perdonado porque supuestamente quienes pierden son los que se libran a la violencia. Claro, sin contar los que perdieron las vidas.

El hecho es que del mismo modo que los violadores, delincuentes, asesinos, etc son enviados sin contemplaciones al banquillos de los acusados y deben pagar por ello, además no creo que ninguna víctima esté en disposición de perdonar nada, también a los terroristas hay que tratárseles igual, con igual desprecio, y que sea la justicia quien valore su culpa y su pena, y que nadie imponga su perdón público por encima de cualquier decisión de la justicia. De la misma manera que nadie debe ajusticiar por su cuenta, ni al peor criminal.

Publicar la carta de marras ha sido un error estratégico, entre otras cosas porque nos hallamos frente a un nuevo tipo de terrorista, no el que la mayoría se esperaba, no un islamista de Al Qaeda, ni siquiera es un revolucionario demodé o ringard. Y todavía está por verse si se trata de un enfermo mental. Entonces, no veo el interés, como no sea sensacionalista, de publicar semejante carta.

O quizá esté ocurriendo algo peor, tal vez esa carta pretenda sentar precedentes de que un terrorista de su clase es mejor que cualquier otro terrorista de pacotilla. De que hay terroristas ‘mejores que otros’ lo hemos podido apreciar, nada más hay que ver el tratamiento que se le ha dado a los etarras durante el gobierno de Zapatero.

También podría darse la lectura de que un terrorista, generalizando a los terroristas todos, no es más peligroso que un asesino común, porque el terrorista posee una causa de lucha. Ahí entonces estamos entrando en la polémica, demasiado burda y antigua, de que cualquier causa de cualquier idiota le da derecho a arrancar la vida de inocentes.

A todo esto debemos añadir, que se supone que en medio de una investigación como la que estamos seguros que las autoridades competentes de Noruega estén haciendo resulta demasiado desvirtuador que se publique cualquier documento que pueda darle un sentido distinto al gravísimo acontecimiento y la causa policial.

En este casi, sospecho que ningún documento que no esté ligado a la investigación deberá ver la luz, ya que pudiera condicionar la mentalidad de las personas que poco sabemos de los actos y de sus consecuencias a corto y a largo plazo; sobre todo para que mañana no veamos a Réivik como una víctima más del sistema, al autor de la carta como alguien que reconoce que el sistema se ha equivocado y es la razón por la que perdona a Réivik, y sobre todo para que el mismo Réivik, incluso cuando lo llaman perdedor en esa carta, no siga sintiéndose tan importante como para que una de sus víctimas le escriba, para colmo, perdonándolo.

Basta ya de tanta tontería, o cinismo. Un terrorista es un vulgar criminal, y como tal debería ser tratado.

Zoé Valdés.

Publicado en El Economista.

Acabo de leer que el asesino noruego pide psiquiatras a la carta, ahora lo quiere japonés para que «le comprenda mejor». ¡Le zumba el querequeté o merequetén!