¿IGLESIA CATÓLICA CUBANA? NO, IGLESIA CASTRISTA.
Zoé Valdés.
El papel de la iglesia católica en Cuba en los últimos tiempos ha sido infame. Sin ir más lejos, en días recientes, la iglesia, en palabras de sus más altísimos representantes eclesiásticos en la isla, se ha puesto abiertamente del lado del régimen, y en contra de las Damas de Blanco y de otras opositoras en la parte oriental de la isla, al afirmar que no ha sido el gobierno de los hermanos Castro quien ha ordenado la represión, golpizas y torturas a las Damas de Blanco y a esas otras opositoras (lean en El Nuevo Herald).
Desgraciadamente estas afirmaciones no resultan nada extrañas, si observamos de manera general el comportamiento de la iglesia en Cuba, durante el castrismo, en los últimos 52 años. Pasada la primera represión, donde numerosos sacerdotes fueron acusados de contrarrevolución, y fueron apresados, condenados a penas de largos años de cárcel o a ejecución de la pena de muerte, lo que no se cumplió a pie juntillas gracias a la mediación del Vaticano y de gobiernos internacionales, pasados esos terribles momentos iniciales del castrismo, los religiosos tuvieron que tumbar los brazos, abandonar el país, irse al exilio y la gran mayoría murió en ese duro exilio, o no ha regresado nunca.
Después llegó el silencio, los religiosos de la isla hundieron las cabezas dentro de las sotanas y por tal de que no les cerraran las iglesias callaron. Todavía hoy callan. Uno de los que más calla es el cardenal Jaime Ortega y Alamino, quien él mismo fue enviado –de joven- a un campo de concentración castrista (los llamados UMAP: Unidades Militares de Ayuda a la Producción); al parecer Ortega y Alamino fue encerrado junto a una gran cantidad de religiosos, homosexuales, “pervertidos” se les llamaba, y políticos.
Ortega y Alamino no sólo ha callado durante todos estos años, ni siquiera ha condenado tibiamente al régimen, lo ha apoyado, y para colmo ha sido en los últimos cinco años, un fiel cómplice de los desmanes de Raúl Castro, y es probable, por lo que se aprecia, que haya pretendido venderle al Vaticano que en la Cuba el hermanazo todo marcha a las mil maravillas. Dije al parecer porque lo que otros confirman con sus testimonios, el mismo cardenal lo silencia, no solo de manera callada, sino colaborando y formando parte del cuerpo mortífero de esa dictadura. Como sucedió con Orlando Zapata Tamayo.
El cardenal Ortega y Alamino negoció, sirviendo de intermediario entre Castro II y Rodríguez Zapatero, el destierro de cientos de cubanos, presos políticos y familiares, hacia España y hacia otros países, engañándolos, informándoles mal, prometiéndoles que podrían volver cuando ellos quisieran, lo que no ha sido cierto, como tampoco fueron ciertas y no se han cumplido, las promesas que hiciera de su parte Miguel Ángel Moratinos, ex ministro de Exteriores español a estas víctimas del castrismo acerca de su estancia en España, que ellos consideraron de temporal.
Ortega y Alamino aceptó que a estos presos se les entretuviera y ofendiera dándoles una licencia extra penal, y no la libertad, que ellos merecían. El cardenal, entonces, ha sido, uno de los principales aliados de la mentira, y uno de los que más ha aislado a los auténticos fieles de la iglesia cubana, para sumar adeptos a la iglesia castrista que él se empecina en crear. Lo que confirma la traición de una parte de esa iglesia, no toda, al pueblo cubano.
Publicado en EcoDiario.

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