El columnista de El Nuevo Herald, señor Alejandro Armengol, más conocido por Armongol en este blog y al que Guillermo Cabrera Infante llamaba El Mongólico Compensado, ha escrito un artículo (a favor del régimen castrista) queriéndose cargar el deseo del escritor de no volver a Cuba mientras exista esa dictadura, y también atacando a Fernando Savater y a Zoé Valdés. ¿Quién es Armongol? Nadie. Pero como no es nadie hace cualquier cosa por ser alguien. No debería responderle, pero lo haré, para que no crea que somos bobos, y que puede engañar a cualquiera con sus mentiras. Agradezco a Zoé Valdés por la publicación de este trabajo, aun sin conocerme personalmente, ya que siempre envío mis posts de manera anónima y a través de comentarios a otro blog que me hace el favor de mandárselos a ella.
Armongol miente cuando dice que Fernando Savater critica un libro que no se ha leído. ¿Cómo se enteró Armongol de que Savater no se ha leído el libro? Porque el propio Savater lo dice en su justo, valiente y preciso artículo de El País. Fernando Savater critica en su artículo lo que Armongol defiende en el suyo, que la Cuba dictatorial pretenda, demasiado tarde, reconciliarse con Guillermo Cabrera Infante, Savater repudia ese acto siniestro en el mismo lugar del que expulsaron al escritor y con personas que no tienen ningún derecho a hacerlo ni a dar gracias en su nombre, ya que según las leyes de derecho de autor internacional su obra no les pertenece ni pueden agradecer nada en el nombre de Guillermo, sobre todo cuando están haciendo lo contrario a sus deseos que fue lo siguiente: No aceptar nada hasta que Cuba sea un país democrático. Savater critica que violen el legado internacional hacia la heredera, nombrada por el autor. Savater critica que el régimen castrista se apodere y manipule la figura de GCI después que lo acusaron de todo lo que les dio la real gana, de que lo intentaran vejar, y lo ignoraran durante años; pero además, Savater se refiere a que el propio GCI dejó bien claro, por escrito, que no admitiría jamás que su obra fuera a Cuba mientras existiera el castrismo. El castrismo, sin embargo, está vigente, perpetrado por la mano de uno de sus más viles asesinos: Raúl Castro. Y Fidel Castro sigue vivo, y continúa siendo protagonista de la política de la isla. De modo que, que no manipule Armongol las palabras de Savater, que no tiene intelecto, ni posee la estatura intelectual para hacerlo.
Que haya aparecido un libro sobre Guillermo Cabrera Infante en la Cuba de los Castro no es nada fortuito. Forma parte de un plan muy bien meditado. Pero antes de ir al plan, habría que aclarar que GCI nunca estuvo en contra de que su obra se leyera en Cuba, donde se encuentran sus lectores naturales, sin embargo, hasta el otro día, la prensa nacional publicaba que le cobraría multas de 500 pesos a quien encontrara con un libro del autor de Tres Tristes Tigres, como ocurrió a una profesora de Oriente, y cuya noticia fue publicada en esa misma prensa, con el ánimo de aleccionar al pueblo. Miriam Gómez, su heredera, nombrada por él, porque no sólo es su esposa, es además la persona que se ha encargado de publicar la obra póstuma y la que ha trabajado día y noche para lograrlo, con uno de los mejores editores del mundo (editor de Vargas Llosa, de Goytisolo, de Nabokov, y de otros grandes, y a quienes varios escritores pagarían para que él fuera su editor), y a la que los cubanos deberían de agradecer no solamente el haber hecho semejante trabajo, sino el de haber sido la esposa por más de cincuenta años (casada en el 61, viviendo con él desde el 59), la compañera, la madre para unas hijas que el escritor le impuso, a la espera de que la verdadera madre se les juntara en el exilio, para que las criara, pero la madre no se les juntó, porque la madre prefirió dejar por escrito que ella jamás se iría de Cuba, porque ella prefería la revolución a cualquier otra cosa (¿incluída las hijas?). Miriam Gómez, vuelvo a ella, jamás ha dicho que la obra de GCI no debe ser leída en Cuba, ella misma ha propuesto pagar de su bolsillo los libros y el envío para que las bibliotecas independientes cubanas se nutran de los libros de GCI, pero eso sí, al régimen castrista, el mismo que intentó deshonrar la figura del escritor durante años, nada; ellos no tienen por qué recibir nada de esa obra.
Ahora comencemos por el plan (o pomo) que han preparado, y al que Armongol le pone la tapa. Para los que defienden que la obra de GCI debe ser leída en Cuba: bien, amén que desconocen las leyes internacionales de derecho de autor, ni siquiera se preguntan lo siguiente: ¿Y por qué entonces el régimen permite y autoriza (porque ese libro necesitó de una autorización) una investigación sobre los primeros años de GCI como escritor, sin contactar a la heredera universal, su viuda? ¿Por qué un libro sobre GCI donde se contempla solamente una parte de su obra y no toda? Si esos autores que escribieron el libro lo admiran tanto, imagino que es por que lo habrán leído en su totalidad, ¿no? ¿Por qué entonces atacar, usando argumentos de personajes envidiosos y castristas hasta la médula, a la figura que ellos quieren ensalzar? En algunos comentarios he leído, incluído el comentario del padre de uno de los autores, que con toda evidencia viaja de Miami a Cuba y a la inversa, como perro por su casa, que ellos llamaron a Carlos Franqui, pero que ya éste había muerto, vaya, no entiendo cómo se puede llamar a un muerto. Lo cierto es que sí lo llamaron, y que llamaron también a Miriam Acevedo (diciendo que era para recuperar su figura en Cuba), y a otras personas que, como las anteriores, también se negaron a colaborar en ese libro. Todo esto lo sabía Miriam Gómez, pues esas personas se lo comunicaron, Miriam Gómez, la que, por cierto, todos los libros han sido dedicados, es la actriz y esposa que vivió con el escritor hasta su muerte durante más de cincuenta años.
Para escribir una tesis de grado en la universidad de La Habana acerca de un personaje como GCI hay que estar bien apuntalado, y haberse entregado de rodillas a un plan; para ganar un premio y publicar la obra, todavía más. No niego que los autores admiren a GCI, pero no me trago el paquete de que todo haya sido tan ingenuo ni natural en la Cuba del raulismo light, que es lo que defiende Armongol, como una clásica tarea o deber. Los autores, si es que admiran a GCI, bienvenidos sean, y ojalá puedan seguir publicando la verdad, la real, sobre GCI, en una Cuba libre y democrática.
Que Armongol traicione los deseos de GCI no es de extrañar, nació con el rumbo errado, al parecer quería ser escritor y se metió a químico. Pero claro, en Cuba no es fácil ser escritor, la prueba es el mismo GCI, y no cualquiera está dispuesto a correr los riesgos. Que arremeta en contra de Zoé Valdés, tampoco es raro, le tiene una envidia y una tirria enfermizas, así como se la tiene a Madonna, tal vez quisiera parecerse a ambas. Lo que sí es de extrañar es que Armongol no denuncie que este caso de la manipulación castrista de la obra de GCI es uno de los planes más odiosos y viles del régimen, y se oponga a la postura de Miriam Gómez y a los deseos de GCI, que los dejó bien claros; y que defienda una vez más a una familia que gustosa ha sido atrapada por las garras del estado castrocomunista, y de la que ese mismo estado se aprovecha, maniobrando a la gente que vive acorralada por la miseria, y cuyo móvil es el dinero, y no el amor ni el respeto por la obra de un escritor que sus más próximos descendientes no respetan porque no la han leído.
En ese libro, además, se dice que Un oficio del siglo XX fue hecho gracias a la recopilación de artículos de GCI que hiciera su primera esposa, lo que no se dice es que esa recopilación estuvo incompleta, que ese libro, dicho por el mismo GCI, fue escrito mientras él ya era «el primer chulo socialista» (escrito por el mismo), porque vivía del trabajo de Miriam Gómez, ya que lo expulsaron de todo. La edición quedó a cargo de Virgilio Piñera en Ediciones R, y fue una de las últimas de ese sello editorial.
Para los amigos de GCI no es un secreto que él mismo decía que lo peor que le había ocurrido en su vida era «esa mujer», refiriéndose a Martha Calvo, y luego, la revolución castrista; en ese orden. Por otro lado, y es la otra rareza del artículo de Armongol, es que no diga claramente que él forma parte de esa familia, al estar casado con la hermana de la primera mujer de GCI. ¿Dónde está entonces la ética periodística en su artículo? Él, que tanta moral exige de los otros. ¿Para qué quería meterse en la casa de Miriam Gómez, ya muerto el escritor, para revolver en sus papeles, como si Miriam Gómez no tuviera abogados, editores y cientos de amigos que velan por ella y por la obra de su esposo? A lo que MG se negó, diciéndole, como siempre le dice las cosas a la gente, bien claras, que no le gustaban sus escritos, ni las amistades que tenía, ni sus ideas políticas, y que tampoco le gustaban a Guillermo. Para finalizar, siendo «el mongólico compensado» el intelectual de esa familia que de pronto ha brotado, quedaría entonces él como el dueño de los caballitos.
De tanta obra que todavía prohíben en Cuba, Armongol se sale con este articulejo defendiendo las falsas aperturas del raulismo light, y por supuesto, el periódico pasa los comentarios más bajos y más cochinos en contra de los que verdaderamente han defendido y han cuidado durante años la obra del escritor del que los castristas se quieren apoderar después de muerto. Los comentarios justos y verdaderos no los pasan. Entonces, ¿para quién trabaja Armongol? No, perdón, la pregunta es ¿para quién trabaja El Nuevo Herald? ¿Para quién trabaja un periódico que publica un articulejo como éste y no ha escrito una sola línea sobre Cuerpos Divinos, una obra magistral, donde por cierto, tanto la primera esposa, como la hermana (casada con Armengol), quedan bastante mal paradas? La respuesta la conocen los miles de lectores que se han dado de baja, los cientos de miles de suscritores que han perdido, por querer competir con Granma.
Masajista ¡OhNiche!
(Amabilidad del autor).
La información de este post ha sido verificada personalmente por mí con Miriam Gómez, posteriormente al recibimiento del artículo. ZV.

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