Guillermo Rodríguez Rivera critica situación de prensa en Cuba y llama a cambiar su sistema.

El Nuevo Herald.

Guillermo Rodríguez Rivera es un ensayista, escritor, profesor de la universidad de La Habana, lo tuve como profesor en la Facultad de Filología. Publicó toda su vida en la prensa cubana, una prensa que no fue, durante una época, tan notoriamente mala, precisamente por las firmas que tenía, pero a la que el régimen siempre censuró, manipuló a su antojo, y terminó por acabarla cuando esas firmas fueron abandonando el país y la mayoría de ellas murieron en Cuba o fuera de la isla. Muchos periodistas debieron plegarse a los dictámenes de la dictadura para poder resistir. Y la mediocridad y el cretinismo campearon por sus respetos.

Guillermo Rodríguez Rivera se despierta tarde, lo hace en el blog de Silvio Rodríguez, y claro, en lugar de pedir libertad y democracia, demanda cambios en la prensa cubana.

Recuerdo a inicios de mi exilio, yo presentaba una novela en una librería del 14ème en París, cuando mi antiguo profesor, al que yo consideraba una buena persona, se apareció por allí, nos saludamos; yo fui a saludarlo, mejor dicho, normalmente, él se encontraba afuera, como si no se atreviera a entrar en la librería, y me saludó de manera fría. Después me comentaron que se dedicaba a desmentir todo lo que yo decía sobre los acontecimientos políticos en Cuba. No lo dudo, fueron varias las personas que me lo aseguraron, sin conocerse entre ellas. Y no ha sido el único, ni el más virulento.

El tiempo ha terminado por darme la razón, en parte, por supuesto. Pero toda esta gente que critica aquí y allá, de a poco, dando la impresión de que estas críticas forman parte de la apertura del raulismo y que son autorizadas, deberían de una vez unirse a las voces de libertad y democracia para Cuba, aunque no creo que sea posible. No fue posible bajo el nazismo, tampoco bajo el comunismo, el oportunismo siempre tuvo mayoría bajo los regímenes del horror.

Diecisiete años más tarde, Cuba está muchísimo peor de lo que la dejé, la mayor parte de los cubanos valiosos se ha ido al exilio, y los que quedan dentro, pocos, o viven como millonarios o viven en la miseria más demoledora, la desigualdad es cada vez más chocante, y la miseria es abrumadora. Pedir que la prensa debe cambiar, me parece de un cinismo perturbador, lo que debe cambiar de una vez y por todas es el gobierno de los Castro, porque se tienen que ir de una vez, y dejarle el poder a los demócratas, para que en Cuba la gente vuelva a vivir de manera normal, como vive la mayoría de los seres humanos en el mundo.

Guillermo Rodríguez Rivera ataca la mentalidad de la burocracia, sin preguntarse quién engendró esa misma burocracia, quiénes sembraron el terror en las mentes de los cubanos, paralizándolas. Más adelante salva a Raúl Castro, considerándolo como un reformador que alienta a los cambios, a los que, al parecer, la burocracia se niega. ¡Por favor! Rodríguez Rivera una vez más le hace el juego al régimen, comportándose como el típico intelectual que visto desde afuera por los extranjeros pasa como disidente, y además al pronunciarse de la manera que lo hace, claramente a favor del raulismo lo avala como promotor del cambio, vendiendo de este modo la misma falsedad, la mentira, todavía más sutilizada.

¿Qué cambios puede haber en lo que ha sido una sucesión dinástico castrocomunista, de hermano a hermano? ¡Y qué hermanos, ambos con las manos manchadas de la sangre de los cubanos, y de africanos, y de allá donde se metieron a hacer la guerra! Es una pena que un hombre brillante siga comportándose de tal modo, en su vejez, y que en lugar de salvarse honestamente, hunda más sus manos en la mugre de la tiranía, de manera deshonrosa. Todavía habla de «revolución», ¿a estas alturas? ¿Qué revolución dura 53 años? ¿Cómo puede un  intelectual de su talla continuar con esa retórica de la idiotez y de la mediocridad, por no decir del vandalismo y de la crueldad?

El artículo no lo publicó Granma, aunque hubiera cabido perfectamente, sin embargo ahora estos representantes del raulismo prefieren ser leídos por los que compran El Nuevo Herald, en Miami. La tarea es invadir Miami, sin duda alguna. Ya lo sabemos.

Zoé Valdés.

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