947 Emanaciones y 948 Emanaciones.
«Confieso que hasta que no leí Una Educación Sexual de Juan Abreu no entendí a esas mujeres que lloran y ríen, al unísono, de gozo, mientras son templadas (folladas). Lo mismo sucede con Juan Abreu, uno empieza a leerlo y termina llorando y riendo de puro placer, siendo ‘leída’ por él, como si leyéndolo consiguiera templarnos la mente, penetrar en ella y hacernos el mayor cráneo masturbatorio jamás imaginado. Una Educación Sexual, además, me condujo nuevamente a la relectura de Gustave Flaubert, y La Educación Sentimental. Entre ambos hay una ‘liason’ misteriosa (palabra tan mal manoseada últimamente) que nos afirma que sin sentimientos no hay, desde luego, amor y, quizás pasión, pero tampoco, y mucho menos, hay deseo y sexo. Que es de lo que se trata la vida.»

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