DISTINCIONES MERECIDAS, MEDALLITAS REGALADAS, Y LECHE AGRIA.
Ayer una persona me mandó un email con un link para que supiera que el embajador de Francia en Cuba había condecorado a un ex alto funcionario del régimen castrista con la medalla de Chévalier de las Artes y las Letras de Francia, la cosa no tendría mayor significación si el condecorado no fuese otro que el señor Abel Prieto, un conocido esbirro de la cultura castrista, ex ministro de cultura castrista, y ex presidente de la UNEAC (institución que no ha variado un ápice desde que la copiaron del modelo soviético).
¿Por qué ha sido condecorado este señor? ¿Por su manejo de la lengua francesa? ¿Dónde ha demostrado que escribe o habla francés? ¿Sus mediocres novelas donde justifica persecuciones a jóvenes y a homosexuales en una época de “errores subsanados”, como él mismo ha dicho, han sido publicadas en Francia? Que yo sepa, no, pero seguro estará en camino una traducción. ¿Lo habrán condecorado entonces por su manera de expresarse al referirse a otros escritores cubanos exiliados, cuando dijo, por ejemplo que Guillermo Cabrera Infante era un loco y un esquizofrénico, que yo era una pornógrafa, y que Reinaldo Arenas exageraba, lo que afirmó sin mover una pestaña en el periódico La Razón, en España? ¿Defendió este ministro de la cultura a GCI, a Arenas, y a mí misma, cuando Castro afirmó en un discurso de siete horas y media, aquel célebre discurso donde le tiró con todas a la película Guantanamera, que la Revolución cubana tenía tres enemigos, y citó nuevamente a Guillermo Cabrera Infante, a Reinaldo Arenas, y a mí? No, este señor, Abel Prieto, no movió el más mínimo dedo a favor de los escritores exiliados.
Es probable entonces que a este señor lo hayan condecorado por hacer pulpa los libros de los que nos íbamos del país. Fue lo que hizo con mi libro de poesía Todo para una sombra, que estaba ya diseñado y a punto de salir de la imprenta bajo el sello de la UNEAC (y eso porque había sido premio y publicado en España) cuando me exilié en el año 1995. Prieto mandó a destruir mi libro en cuanto supo que yo estaba haciendo declaraciones en Francia, en contra del régimen. Lo hizo pulpa.
Pero además, este ex presidente de la UNEAC, y ex ministro de la cultura castrista, se vanagloria, y algunos, de los que hoy le deben mucho, lo colocan en un pedestal, de ser uno de los que más visas de salida del país facilitó a artistas y escritores con problemas o en vías de tenerlos. O sea, que este señor, la única contribución que ha hecho, si es que ha hecho alguna, es sangrar la cultura cubana de sus artistas y escritores, enviarlos al exilio, sacárselos de encima. Mejor fuera que adentro, al parecer era su lema. Igual al lema de los homenajes necrofílicos que hacen desde que él ejercía su mandato a los escritores “problemáticos” muertos es “mejor muertos que vivos”. Como el que le hicieron a Severo Sarduy y el que le acaban de hacer a Virgilio Piñera.
¿Cuál ha sido la contribución de Abel Prieto a la cultura cubana? Ninguna. Mucho menos a la cultura francesa. Todo lo que este mentecato ha hecho como representante del castrismo es de una vergüenza extrema. Pero, claro, desde que lo destronaron de su cargo de ministro, me imagino que deben estar fabricándole un expediente de disidente –cosa que agrada enormemente a los diplomáticos- y en cualquier momento lo tendremos en la televisión de Miami contando sus penas… ¿Merece este señor una distinción de la cultura francesa? A mi juicio no, de ninguna manera.
Pero no nos extrañemos, Alfredo Guevara recibió la Legión de Honor en el grado de Comendador de manos de Danielle Mitterrand, y al parecer otra comegofio, plagiadora, mitómana, que copia hasta las portadas de los libros de los demás, ha recibido también la Orden de Chévalier, pero al menos ella ha sido publicada en Francia, empujada por gabismos y balcellismos, desde luego. No sé si su marido, mejor artista y consagrado músico, habrá recibido la Orden, pero así es y no como una quisiera.
Queda el consuelo, consuelo que yo siempre recuerdo, cosa que no hacen los demás conmigo, que la distinción fue entregada en el pasado a otros artistas entre los que me encuentro. Hago una lista de memoria: Brindis de Salas, Néstor Almendros, Gina Pellón, Eduardo Manet, Ricardo Porro; hubo otros que la recibieron y no la aceptaron. Yo la recibí después de haber vendido ochenta mil ejemplares (sólo en la traducción francesa) en un tiempo récord tras la salida de mi novela Te di la vida entera en la editorial Actes-Sud, la recibí de manos de la ministra de cultura Catherine Trautmann; esa novela se sigue vendiendo y editando 17 años más tarde. Llevaba yo ya viviendo en Francia un tiempo, hablaba francés, y había publicado tres libros traducidos al francés, también había impartido conferencias en francés, había sido miembro del Gran Jurado del Festival de Cannes y había trabajado con artistas franceses como Dominique Sanda, Michel Legrand, entre otros.
Pero el problema no radica solamente en quién recibe la medalla y en quién la entrega, y por qué decide entregarla, lo que sin duda alguna es el peor de los problemas. El problema tiene cola, y leche agria fluye de aquellos que para anunciar la noticia de que a Abel Prieto le han regalado dicha medalla necesitan colarme a mí en el potaje mencionándome, con tal de ganarse puntos y recibir comentarios a mi costa, y aceptar mensajes en los que se añade que yo ignoro a los otros que la han ganado. En primer lugar soy amiga de Gina Pellón y de Eduardo Manet, conozco superficialmente a Porro (conozco mejor su obra), y no tuve el privilegio de conocer por supuesto a Brindis de Salas, ni a Néstor Almendros, aunque he visto toda la obra cinematográfica del segundo y la obra musical del primero, y siempre los he mencionado cuando injustamente se ha dicho que yo he sido la única en haber recibido la distinción. Cosa que no tengo por qué hacer, porque los otros que la han ganad no se refieren a mí, ni tampoco tienen por qué hacerlo. Ya que no imagino yo a Pedro Almodóvar, otro que también la ha ganado, recordando apresurado una y otra vez en su curriculum, que él es Chévalier de las Artes y las Letras, pero Robert de Niro también, ¡por favor, que nadie lo olvide!
Lo que sucede con estos tipejos de leche agria que se han abierto blogs para ser famosos y que cobran por ello es que saben que jamás tendrán la medalla ni ninguna distinción y para colmo la envidian, porque viven de ese poquito. Yo nunca he esperado condecoración alguna por lo que hago, lo que llega, llega por mi trabajo y mi esfuerzo más que comprobado. Estos son tipos que viven reguindados de las mujeres famosas, y se reguindan y desrreguindan de ellas cuando ya no pueden chuparles nada más. Uno de ellos, por cierto, ha entrado por fin en una editorial tras hablar mal de mí a diestra y siniestra, y gracias a una mujercita de ésas; como ya ese perro me mordió, y la dentellada fue honda, le puedo augurar que no espere otra cosa la famosilla de marras que ingratitud, y el comentario posterior de que fue él quien la introdujo en la editorial, volteando como acostumbra a hacer la tortilla a su favor, y que no dude un instante que con lo chismoso, bretero y zoquete que es, ya le esté haciendo una cama a la que le abrió las puertas, para sacarla y quedarse solito, sin una sombra que le haga subraye a diario que él está allí no por su talento, que no lo tiene, sino por una palanca de una mujer que le tendió la mano. Ambos tipejos, tanto el que para brillar y tener comentarios necesita insultarme, como el otro que para ser aceptado en ciertos círculos procastristas antisemitas y en editoriales franceses necesita hablar mal de mí, son personas deleznables. Ya todo el mundo está enterado, no tendría yo que señalarlo sino fuera porque estoy harta de tener que aguantarles la baba.
En cuanto al embajador que reparte medallas, bueno, habrá que reírse, como dice un buen amigo mío, si no fuera porque los contribuyentes pagamos su puesto. Por cierto, mi medalla la tuve que comprar, ¿comprarán los castristas la suya? Lo dudo.
Lo de regalar medallas, además, no es de extrañar, me recuerda el mismo amigo, que se trata de una vieja costumbre francesa, François Mitterrand recibió La Francisque bajo el Maréchal Pétain, y Lybia tenía presidencia del Comité de los Derechos Humanos de la ONU, bajo el régimen de Kadafi y con la anuencia y apoyo absoluto de la Francia.
Zoé Valdés.

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