Ganó mi adorada Maribel Verdú, muy merecido. Bravo por su discurso y por el de Candela Peña. Bravo por Eva Hache, aunque hasta la mitad. Y es que cuando ya las muequitas, las mismas siempre, y el discurseo político se extienden, es como si estuvieras en una asamblea general de algún partido, en lugar de en una premiación de cine, y los Goya. Pobre Goya.
Ganó la peor película cubana el Goya a la mejor película extranjera. Y es que lo que esperan de nosotros no son películas a la altura de Amour o de cualquier otra gran película. Lo que esperan de nosotros siempre es el espantajo convertido en pálida queja política autorizada. Deprimente esa loca medio tartamuda que con el puño en alto pasó el mensaje de «aunque en Cuba tenemos poco hacemos mucho». ¿Qué han hecho? Una pésima película comercial de zombies de Hollywood es mejor que ese esperpento comercialoide para encandilar indios con levitas y europeos creyentes de la mercadotecnia tercermundista del castrismo. Al lado de la película mexicana y de la argentina da vergüenza. Pero así vamos, de toreros ñongos por el mundo. Ah, y de independiente nada de nada, en cualquier momento al ICAIC lo convierten en ONG para coger más dinero español.
En cuanto al discurso del Presidente de la Academia, brillante, no hacía falta más. Y Concha Velasco, como siempre, majestuosa, divertida, cabal, y sin un brillo que sobrara. Todo en su lugar, como diría una amiga.
¡Por fin un Goya para José Sacristán!
Gracias nuevamente a TVE.
Zoé Valdés.


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