Fragmento de Carta a Juan Ruz. José Martí.

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A Juan Ruz

Nuev York, 20 de Octubre de 1887.

Distinguido compatriota:

… La reunión del 10 de octubre, para los que servimos nuestra patria desde el destierro, sólo es importante porque revela la actual tendencia de la mayoría de esta emigración, cansada ya de servir a valientes mal aconsejados o ambiciosos culpables, pero no incapaz, a lo que parece de entender y ayudar en la hora oportuna un movimiento digno por su alcance de la adhesión y respeto de los mismos a quienes lanza al destierro o la muerte.

Con aquellos hombres hostiles de naturaleza que por falta de conocimiento político o de verdadera virtud patriótica comprometen con la violencia inútil de su lenguaje y el aparato imprudente de sus actos el éxito de una gran lucha cuyos medios y fines parecen escapar a sus alcances, -no podría yo hablar en razón como hablo con usted; que sabe dirigir sus acciones con el entendimiento. -Ni es tampoco, por fortuna, como aquellos ruines caracteres que se complacen en suponer móviles mezquinos, cuando no traiciones y cobardías, a la virtud que odian, porque no pueden alzarse hasta el juicio sereno y desinteresado con que se ha de servir al país, o porque la virtud, respetando a los hombres en vez de degradarlos, confía más en la fuerza de la razón que en la costumbre que los aduladores populares tienen de ir enseñando sus personas y buscando prosélitos en chismes y corrillos. -Ud. Es un hombre entero, comprende la gravedad tremenda de nuestros actos y palabras, y sabe que los sucesos históricos no pueden prepararse ni llevarse a cabo sin un cuidado exquisito, calculando con la mayor precisión posible el instante, los resultados y los elementos. Los héroes mismos, cuando llegan a su hora, mueren abandonados, si no maldecidos por los mismos que lo recibirían luego con honor y los acompañarían en su triunfo.

Ud. tiene razón. El esperar, que es en política, cuando no se le debilita por la exageración, el mayor de los talentos, nos ha dado la razón a los que parecíamos que no la teníamos. El gobierno español ha demostrado su incapacidad para gobernar a Cuba conforme a nuestra cultura y necesidades, y aún para aliviarla. Todos los que esperaron en él, o se fingieron que esperaban, desesperan. Los autonomistas, sin dirección fija ni fe, intentan, con angustia verdadera, sus últimos esfuerzos. Los cubanos no encuentran trabajo y ven cerca el hambre. Ya el campo está inquieto. Las ofensas constantes de los españoles, y algunas provocaciones nuestras, aumentan sin cesar ese descontento propicio a las revoluciones. La prudencia misma de los revolucionarios afuera, forzada en unos y meditada en otros, ha contribuído a la fuerza de la situación, porque no resulta ésta violenta ni precipitada, sino natural y fatal, y surgida, por causas libres e irremediables, de la propia Isla…