Ça y est, otro gran cubano fallece en el exilio y al instante empieza la labor de necrofilia de los emisarios del castrismo. Restauran a la figura, pero vuelven a empuñar en ristre la goma de borrar para desaparecer a los que no les convienen.
Me acaban de enviar un artículo de una de esas emisarias que la semana pasada anduvo con otra que se hace la bobalicona del castrismo mancillando los predios de Dulce María Loynaz, muy oronda ella, hablando de insilio y de no sé cuántas estupideces más, mentiras, artilugios para hacerse la perseguida, cuando nunca ha pasado de ser más que una vocera de la tiranía. No sólo nunca ha sido perseguida, tampoco ha sido del insilio ni de ninguna de esos términos inventados para acabar con el exilio verdadero.
Me asquea cuando leo a estos emisarios castristas escribir de alguien ilustre, sobre todo si se trata de un exiliado, una vez que éste ha muerto. Antes ni lo conocían, ni estuvieron en sus conciertos, ni siquiera lo han oido, mucho menos compraron sus discos. Tras la muerte llega entonces la orden bajada desde el mismísimo Comité Central, enseguida se activan, y no les quedan más remedio que redactar mierdas como éstas para poder seguir viajando y existiendo y usurpando jardines y muertos. Un periódico español además paga por esas basuras y canalladas. Es el tipo de manifestación que da más ira que vergüenza, pero como conozco el paño, no quiero dejar de pasar por alto qué es lo que hay detrás de este artículo con una evidente doble intención.
La primera intención, que ya la he visto reflejada en otros escritos recientes acerca de Bebo Valdés y de su familia es la de borrar a los hijos suecos y a la familia sueca de Bebo Valdés, con el objetivo, por supuesto, de reconocer solamente a la familia cubana como heredera privilegiada del músico.
La segunda intención es colocar al castrismo como heredero universal del creador de la batanga. Pongo en primer lugar a la familia porque legalmente les es menos difícil heredar a través de una familia que directamente, sobre todo a través de una familia que pudiera ser influenciable y manipulable. No sería una novedad que lo hagan, lo hicieron ya con otros muertos ilustres del exilio, y lo intentan todavía con escritores cubanos fallecidos también en el exilio.
Cuando esta señora escribe esta infamia: «A pesar de las gestiones que se hicieron, el maestro Bebo decidió no volver a Cuba, tal vez sintió era demasiado tarde…» dan ganas de preguntarle: ¿Quién hizo esas gestiones, con qué fines? Porque lo que sí es cierto es que el único que hizo gestiones para grabarle un disco a un Bebo Valdés cuando todavía estaba absolutamente olvidado fue Paquito D’Rivera, luego vinieron los demás. Por cierto, nunca agradeceremos lo suficiente a Fernando Trueba que lo haya incluído en Calle 54, a él y a tantos músicos cubanos. Reconocer a Bebo Valdés, así como a Cachao, tras el documental de Andy García, que fue un poco dejado de la mano, no lo hicieron más que D’Rivera, Trueba, y García, porque ni siquiera las grandes disqueras y consorcios musicales cubanos del exilio se dieron a la tarea de recuperar a estas dos figuras situadas ya de antemano en la posteridad, tal vez creyeron que eran antiguallas, o que les hacían demasiado la sombra a otros con su grandeza. Como recuerda un amigo, ¿por qué fue Paquito D’Rivera quien invitó a Bebo Valdés a grabar un disco redescubriéndolo y no fue precisamente su hijo Chucho, el que no pudo ni siquiera responderle y concederle unos minutos en Nueva York cuando iba escoltado del policía de la cultura, aquel de la camiseta «colorá«? ¿Por qué no fue Chucho quién lo relanzó a tiempo?
A Cuba y a los cubanos de la isla no les interesó nunca Bebo Valdés hasta que éste no devino famoso, célebre lo era desde hacía rato, desde toda la vida. ¿Le interesó a Chucho? Supongo que sí, pero le pudo más su secreto y su convivencia con el castrismo. Famoso y con dinero, aunque Bebo -según me cuentan- poco se interesaba en el dinero por razones puramente administrativas, enseguida le echaron el ojo y la vara. Bebo no se dejó pescar.
Cuba, la Cuba del castrismo y de los castristas, tienen una alcancía por cerebro, una máquina contadora en la Silla Turca, y en cuanto huelen fama y dinero, allí van a resucitar a los muertos que ellos mismos mataron en vida, a los que enterraron todavía respirando y en plena forma, a los que borraron del mapa de un zarpazo. Ahora intentan restaurarlos, pero siguen con la maniíta de la goma de borrar en la mano, queriendo eliminar entonces a los dos hijos suecos. Lamentable.
Me pregunto por qué razón esta señora que ahora recuerda tan interesadamente a Bebo Valdés, y que se mantuvo tan desmemoriada hasta el otro día, no escribió antes sobre este inmenso artista si como dice tanto lo admiraba. Claro, lo mismo podría preguntarle yo por qué razón no escribe ahora sobre los músicos que siguen estando prohibidos en Cuba, sobre los escritores que estamos prohibidos allá, en Aquel Basurero (y que no sea para denigrarlos como lo ha hecho después de jalarnos tanto la leva en cartas íntimas), por qué no escribe sobre ellos antes que se mueran, antes que sean convertidos en dianas del castrismo por interés monetario exclusivamente. ¿Por qué no escribe sobre las prohibiciones que están teniendo lugar en la actualidad y que tanto debieran concernirle? Que lo haga para que tampoco a ella la coja demasiado tarde con sus panfletos de doble intención, y su oportunismo machacón y melodramáticón que ya cansa.
El gran artista que fue Bebo Valdés, el gran exiliado que fue hasta su último minuto, nunca sintió que era demasiado tarde para nada, no tuvo tiempo para eso, se pasó la vida trabajando como una bestia, siempre puntual, siempre temprano, cumpliendo con sus impuestos y con su familia, con la sociedad en la que aprendió a ser libre, e incluso cuando le llegó el reconocimiento mundial siguió siendo la misma persona sencilla y trabajadora que muchos apreciamos desde que conocimos su música en viejos discos anteriores a los suyos más recientes, y no ahora que murió, por cierto, junto a sus hijos suecos.
Me pregunto por qué esta señora no escribe, antes de que sea demasiado tarde, y demasiado trepadora, sobre Paquito D’Rivera y otros grandes vivos de la música y del arte cubanos, prohibidos en Cuba por su anticastrismo desde hace décadas y todavía hoy.
Zoé Valdés.

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