Alan Gross es un ciudadano norteamericano que está preso en Cuba, condenado a veinte años de cárcel, gravemente enfermo; fue acusado por el simple hecho de entrar en la isla portando «material sensible», como le llama el régimen persecutor castrista a los implementos para conseguir conectarse a internet, a los útiles de internet: dispositivos USB, memorias flash, conexiones , teléfonos celulares, etc…
Se supone que los materiales que llevaba Gross iban destinados a los judíos (me aclaran), y se ha dicho que a los blogueros y periodistas independientes y que con esos artefactos, todavía piensan algunos tontos útiles, que se podrá liberar a Cuba de la tiranía.
La madre de Alan Gross, enferma de cáncer, ha suplicado en innumerables ocasiones la libertad de su hijo. Su esposa igualmente la ha exigido. El deterioro físico de Gross al parecer es más que evidente.
Hasta ahora he oido pocas demandas de libertad para Alan Gross por parte de los cubanos de adentro y del exilio. Los blogueros que son los que mayormente se beneficiarían supuestamente con la acción de Gross lo ignoran. Los judíos se callan, por algo será. ¡Y eso que este señor sacrificó su libertad para facilitarle las comunicaciones a ellos precisamente!
A nadie se le ocurriría entonces pedirle a los americanos -sin pensar en las consecuencias-, y mucho menos a los exiliados, a aquellos que excepcionalmente pudieran entrar en Cuba, que llevaran implementos como los mencionados sin el riesgo de caer presos por una gracia semejante (que no es gracia para nada el ser condenados a veinte años de cárcel), o que envíen a Cuba a lo como sea, usando sus recursos, los de su esfuerzo individual, y poniendo en peligro a familiares y amigos, pendejerías semejantes que constituyen en realidad objetos de segunda necesidad.
Pedirlo es de un cinismo sin comparación, pero peor es que un periódico lo publique, lo que ya es verdaderamente vergonzoso. Sobre todo cuando un hombre inocente se está pudriendo en una cárcel castrista, alejado de su familia, y sobre todo olvidado por aquellos por los que él se sacrificó.
El pueblo cubano necesita libertad, es lo primero que necesita el pueblo cubano. Y la única manera de conseguirla es lanzándose a las calles con dignidad. Porque hay más dignididad en un gesto libertario que en todas esos malabares circenses, dándole la vuelta al mundo, de pedigüeños y encaramados al pedestal de la superioridad y el orgullo.
Alentar y arengar a que los demás gasten su dinero, o lo que es peor arriesguen, a que su libertad y su vida en caprichitos insensatos es una de las más altas traiciones y estafas de las que estamos asistiendo con las manos atadas y la boca amordazada. «¡El que no brinque es yanqui!», me recuerda toda esta parafernalia.
Y cuando otros, como Alan Gross, caigan presos, pues nada, a llorar que se perdió el tete, aunque los que lloran siempre son los mismos: los infelices o los ingenuos. Eso es lo que trajo el barco.
Zoé Valdés.


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