Cuando Yoani Sánchez pasó por Alemania en tren en el año 2000, en lo que es un nuevo episodio hasta ahora desconocido en su secreta vida, ya el Muro de Berlín había sido derrumbado. Todavía costaba mucho trabajo entonces que un cubano con pasaporte normal pudiera cruzar fronteras, sobre todo las de Alemania con Suiza. En el 95 era sumamente difícil, yo misma no pude entrar en Suiza, con destino a Zürich, por tren, a presentar mi libro, por no tener mis documentos franceses, solamente el pasaporte cubano.
En el año 2000 las dos Alemanias se habían unido, el dictador y sus esbirros andaban por Chile, y los archivos de la Stasi empezaban a abrirse o ya lo estaban, de manera que los ciudadanos alemanes podía saber quiénes habían sido los chivatos. Alemania volvía a ser un sólo país, siempre lo fue, sólo que dividido geográficamente. El comunismo inoculó mentalidades extremas, como mismo las inoculó el nazismo.
Cuba es Cuba, todavía los dictadores están en el poder, y el comunismo asesina, encarcela, repudia, tortura, y envía espías a todas partes, dentro y fuera de Cuba, con el benéplácito de las sociedades democráticas.
Miami es Miami, Miami no es una ciudad de Cuba, Miami es una ciudad norteamericana, de Estados Unidos, para el que no se haya enterado todavía. Los cubanos que allí viven no han sido separados geográficamente, son exiliados, han sido trucidados, separados por la fuerza de su cultura, de su país, de sus vidas anteriores, por el capricho de un par de viejos totalitarios y asesinos junto a otro grupo de fanáticos, que fueron lo mismo de jóvenes. Los mismos jóvenes intolerantes y totalitarios de ayer son los mismos viejos intolerantes y totalitarios de hoy, estén donde estén y del bando en el que estén.
Miami no puede ser unida geográficamente a Cuba, ni Cuba a Miami, como sí ocurrió con Alemania que era, reitero, un solo país. Moralmente tampoco, porque la moral social se hace con leyes sociales, en democracia.
Los cubanos sólo esperan que se derrumbe el castrismo, y no ningún muro imaginario (construído por los Castro), para volver a nuestro país y poder construir a nuestro modo y en democracia lo que querramos construir, desde un puesto de fritas hasta un banco o un consultorio médico. Nadie nacido en el fracaso y símbolo del fracaso tiene que llegar a instruirnos ni a darnos órdenes de cómo vamos a reconstruir Cuba, y mucho menos enviando baratija teconológica para que los cubanos puedan disfrutar de lo que merecerían si vivieran en libertad, como merecemos todos los que vivimos en libertad, porque trabajamos también para ser libres. Los cubanos merecen la libertad, el trabajo, los derechos a las huelgas, los derechos que cualquier ciudadano libre merece.
Comparar a Alemania con Cuba en estos momentos resulta de las manipulaciones más favorables al régimen. Porque contrario a lo que sucedió en Alemania, donde se reinstauró la democracia, y los tiranos se largaron. En Cuba todavía los tiranos están en el poder y la gente vive amordazada y esclava.
Es muy cómodo vivir bajo el raulismo mantenidos por la sociedad norteamericana y por el exilio. No solamente es cómodo, es indignante. Pero qué se puede esperar de una persona formateada bajo un régimen que vivió del jineterismo con la Unión Soviética y ha vivido mantenido durante más de medio siglo por el exilio mismo o por los tontos útiles de Europa y hasta de Estados Unidos. No culpo solamente a Yoani Sánchez, culpo a todos los que creen que para Cuba, el mejor destino es Singapur, Taiwán, o el jineterismo, la esclavitud, el latifundismo y el capataz con el látigo.
En cuanto a Miami, ya se perdió también. Tardará más en recuperarse que la propia Cuba, en la que todavía queda la esperanza del cimarrón anónimo entre la manigua.
Zoé Valdés.

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