Recuerdo para Ramón Unzueta en un día especial.

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Hoy Ramón Unzueta cumpliría 51 años, que en paz descanse. Esta foto me la envió Ena, su hermana. Él la guardaba con cariño, como tantos recuerdos que conservaba. Aquí estamos los tres, junto a otro amigo, Roberto Uría, sentando encima de mí, y Julito. Con Roberto y Ena compartí la adolescencia y los estudios, todo lo que funda en un ritual los primeros pensamientos. Rami creció con la ventaja de ser más libre, aunque con el peso de la genialidad a cuestas o, gracias a ella, que le compensaba su divertido desinterés por los cánones impuestos.

El reencuentro sucedió durante una de las Ferias del Libro de Miami, y aunque Unzueta vivía en Tenerife, coincidimos en ese viaje, que fue maravilloso. Por las sonrisas se muestra que no miento.

No sé por qué me dio por ponerme esas gafas en la cabeza, con lo que odio yo eso, nada, un gesto automático… De los tantos espantosos gestos automáticos que afean y hacen de nosotros tontos seres sujetos a la imitación.

Rami sujeta un abanico, le encantaban los abanicos, le privaba pintarlos… Y sonríe, pese a que lo atacaba el calor, que ya ni él ni yo soportábamos demasiado.

Todos sonreímos en la foto, pero a él se le sale una expresión lorquiana con la que nos desternillábamos con frecuencia.

Estábamos por fin nuevamente juntos, teníamos todos proyectos a punto de concluir; y claro que la vida nos tomaba la delantera. Apresurados y aventureros la seguíamos, en pos del amor y del arte.

Zoé Valdés.