¡Recojonéeee (con acento francés), a estas alturas la literatura del «yo»! ¡Candela p’al sindicato!

MmedStaël

Algunos nuevos críticos mal pagados de la prensa española de izquierdas descubrieron ahora la literatura del «yo». De qué vale que Madame De Staël, la pobre, nacida un 22 de abril de 1766 haya escrito Diez años de destierro, Memorias, y que Marcel Proust se haya mandado siete tomos en primera persona, con un «yo» y un snobismo que no hay quien lo agarre nadando en esa piscina, poniendo punto final el día en que se murió (si no se hubiera muerto habría continuado), digo yo que lo mató el peso de su propia obra, si ahora los nuevos novelistas (más viejos todos ya que su abuela) según los nuevos críticos, están escribiendo, oh, novedad, sobre el «yo». ¿La obra de Proust? En busca del tiempo perdido, pero a estas alturas, repito, del partido por el eje, un crítico descubre el agua tibia con tres especímenes publicados por la izquierda de caviar rancio, y a través de una representante, en uno de los casos, del raulismo light, o sea del castrismo.

Por supuesto ignorando toda la literatura de Guillermo Cabrera Infante, de Reinaldo Arenas, de Juan Abreu, de José Abreu Felippe, de Fernando Vallejo, Alejandra Pizarnik, de Andrés Caicedo Estela (que ese sí que será joven hasta la eternidad, porque murió con veintitantos años) y tantos otros; y borrando de un plumazo hasta a los novísimos franceses tan recopiados por -al menos- la sabandija de turno procastrista de estos «novísimos» latinoamericanos con tantas canas ya en el sainete póstumo. Y otra vez el aburrimiento de los «novísimos», tan tontísimos a veces, po’favó, que diría un andaluz.

Nada, literatura maluquera con vaselina, pero que la compre quién no los ha leído, o quien no ha leído, tout court.

Andrés Caicedo Estela
Andrés Caicedo Estela