
¡Descacharrante esta obra de Juan Abreu! Ay, las nalguitas rosadas de UbreCastro, las boticas verdes, y los ojones (que no cojones que nunca tuvo) redondos valen un Potosí, sin hablar del color de la ubre, claro, de la tonalidad del fulgurante cielo de la «patria».
Zoé Valdés.

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