Néstor Almendros tras leer ‘Tres Tristes Tigres’ de Guillermo Cabrera Infante, en carta al autor.

Por favor, que alguien le haga llegar este texto a Wendy Guerra, quien dijo en relación a Guillermo Cabrera Infante (viajando como viaja y con un pasaporte francés que la protege) que «de Cuba sólo se puede escribir desde adentro», en un arranque provinciano de incultura y patriotismo castrista:

«Baulleaume, 1 Mayo 1967

(estoy en una villa de las afueras invitado por unos amigos de la TV para descansar en este largo weekend [fin de semana])

Guillermo,

La terminé: ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo! Estoy encantado. Por fin la obra que siempre esperé de ti, a tu imagen y semejanza. Ya no tengo que defenderte más: ahora les diré, léanlo. Será el libro tapabocas. Hay muchas personas que uno admira, que uno sabe que valen, que tienen genio, aunque no haya una obra que lo pruebe, este era tu caso antes de los Tres Tristes Tigres…

Ya nos podemos morir todos -los de nuestra generación en La Habana-, quiero decir que nos podemos morir con cierta consolación: aquellos días no se habrán perdido totalmente, no habrán pasado en vano. Tu libro los recoge fielmente y aún los sobrepasa convirtiendo gente y lugares en puro mito.

¿Habrá encontrado esta Micenas del Caribe su Homero? La Habana que ya no existe, la de los fifties [los años cincuenta], vibra de nuevo en tu libro y personas hasta cierto punto mediocres se convierten en semidioses. Como Homero, cantas a los aqueos, pueblos y ciudades desaparecidas en su tiempo, épocas de oro, refinamiento y decadencia, antes de la invasión de los bárbaros dorios del Norte que los obligaron a emigrar a la Jonia en el Asia Menor ¿No será la gran literatura el arte de la nostalgia? ¿Es casual que tantas grandes obras hayan sido escritas en el exilio, en la cárcel, o mucho después que las cosas han dejado de existir? Porque esto, además, proporciona al escritor una gran ventaja: trabaja con materiales reales, verdaderos, pero puede modificarlos, alterarlos, cambiarlos impunemente de acuerdo con las necesidades literarias. ¿Quién podrá probar lo contrario si la cosa no existe ya? ¿Anacronismos? A montones: tus personajes han estado ya en Europa, hasta hablan francés a veces. Poco importa, los aqueos de Homero ¿no se vestían ya como griegos? El capítulo en que representas a Bustrófedon es sin duda lo mejor. Este personaje y Cué son inolvidables; junto con el narrador, Silvestre, hacen tres trigres igualmente tristes e indivisibles, como la Santísima Trinidad de la iglesia Romana católica: tres aspectos de un mismo ser. (…)

Fragmento de carta publicada en ‘El arte de la nostalgia. Cartas de Néstor Almendros a Guillermo Cabrera Infante’. Dunia Gras Miravet (Editorial Verbum, 2013).