No es la primera vez. Por Miriam Gómez.

Cuando unos ilusos cubanos le pidieron al mestizo Simón Bolívar que ayudara a liberar Cuba, su respuesta fue, que para negros un Haití ya era suficiente.
En 1889 cuando José Martí se metió en cuerpo y alma en la Conferencia Panamericana, creyendo que tratarían el tema cubano, hasta se sintió ofendido al notar que en la prensa norteamericana vieron cosas que él con su fervor y entusiasmo no veía: «Es un tanto curiosa la idea de echar andar en ferrocarril, para que vean como machacamos el hierro y hacemos zapatos, a veintisiete diplomáticos y hombres de marca, de países donde no se acaba de nacer». Que en su entusiasmo escribió todas esas cosas que  ahora utiliza la dictadura, para llegar a la  terrible realidad de lo que era «Nuestra América» cuando al comprobar lo que estaba pasando se preguntaba, más que preguntar «¿O son los pueblos de América estatuas de ceguedad, y pasmos de inmundicia?»
Sí,  lo son; esos políticos «de su américa» eran en 1889 los mismos que se han prestado a esa canalladas en Cuba. No lo pueden evitar, son genéticamente defectuosos.
Miriam Gómez.