Editorial: Desayuno al pie de un templo en Gion

Nos levantamos cada vez más temprano en Gion, nos queda mucho templo que ver. Desayunamos a pocos metros del hotel, y luego subimos al pie de otro templo, muy cercano del cementerio. Nos dirigimos a tomar el bus para continuar con nuestro periplo. Sigo telefoneando a dos amigos, pero nunca doy con ellos, al final me daré cuenta de que había que quitar números en lugar de sumarlos, y claro, como mi japonés es nulo, pues no entendía nada de nada del dichoso mensajito automático.

Luna empieza a hablar japonés, pese al poco tiempo que llevamos aquí, y ya los japoneses le sonríen agradecidos. En Kyoto no hay manera ni con el inglés, que ellos se niegan a hablar. Es más fácil comunicar con las piedras, a las que también visten con trapillos rojos, que con los humanos, lo que a mí me cuadra bastante por mis orígenes celtas, y porque prefiero oír la sabiduría de las piedras que la idiotez humana.

Estamos las tres muy felices, terminamos la jornada templadas de templos. Nos abrazamos a los troncos de los árboles, nos despojamos en los ríos, acariciamos las grageas, las azaleas, las extrañas florecillas de un cerezo a otro. Sabemos que es un viaje inolvidable. Tal vez «el viaje» de nuestras vidas.

Zoé Valdés.

Templo Gion Kyoto

Templo Gion Kyoto

Templo Gion Kyoto

Templo Gion Kyoto