Editorial. ¿Quién es más brujero, Batista o Castro I? Por Zoé Valdés.

Castro a su regreso de África en 1980
Castro a su regreso de África en 1980

Tanto escribir, hablar y analizar la supuesta brujería del presidente Fulgencio Batista y Zaldívar y lo curioso es que nadie se atreve a investigar lo brujero que fue y es desde niño el dictador por más de 55 años de Cuba: Fidel Castro Ruz.

Desde que a los seis años a Fidel Castro Ruz le declararon una enfermedad incurable una santera amiga de la familia lo sometió a todos los trabajos habidos y por haber, iniciado así en los cultos afrocubanos. Se dice que Fidel Castro estuvo encerrado fuera de la casa, en una especie de establo para vacas con esta brujera durante una semana. Léanlo en la biografía de Serge Raffy: ‘Fidel l’Infidèle’.

También es sabido de los trabajos de culto africanos que realizaba Celia Sánchez Manduley, una de las mujeres de Fidel Castro, y quien fue su mano derecha durante las primeras décadas de la dictadura y hasta su muerte. Al parecer esta señora le metía a la brujería en la misma costura.

De tal modo, habría que averiguar lo que sucedió en los primeros viajes de Fidel Castro Ruz a África, cuando se vistió de blanco de la cabeza a los pies (vestimenta propia de quien se hace santo), y se comenta que visitó al más grande babalao de aquel continente, y que de allí vino tan superprotegido que cada año debe sacrificar no sólo animales, sino vidas humanas, en nombre de la prenda que trajo de aquellos confines. De ahí su injerencia en Angola, donde se sacrificaron a tantos cubanos, de ahí las masacres cometidas por este tirano: fusilamientos, (entre ellos fusilamientos de un jimagua: Los Ibeyes), masacre de Canímar, masacre del Remolcador Trece de Marzo, y las masacres de los balseros, de todos los que huyendo de sus garras han muerto en el Estrecho de la Florida. Igualmente se ha asegurado que su empecinamiento en recuperar al niño Elián González fue porque su brujero personal le alertó de que su Elegguá había escapado de la isla, y que por eso los caminos se le estaban cerrando. Todos saben que Elegguá es identificado por un niño travieso, juguetón y sonriente, que quien lo posea tendrá los caminos abiertos para hacer lo que quiera en su vida y con la vida de los otros.

Entonces, viendo que hay mucho más que averiguar sobre el brujero de Fidel Castro, sobre «el mago negro», como lo llamó un periodista no recuerdo si holandés o francés tras haber escrito un extenso reportaje sobre el tema, no entiendo por qué siempre se vuelve como con una especie de inquina, manipulación, mentiras y confusiones, a la supuesta brujería de Fulgencio Batista, y no hay timbales para escribir sobre la brujería que todavía mantiene embrujado a medio mundo.

Pero eso es lo que trajo el barco, you know.

Zoé Valdés.

Lean además: Castro y la santería. Por Engie Álvarez.

Religión y poder, en el Blog del compañero.