No hay nada más patético para un ser humano que creerse quien no se es. Es el caso de algunos cubanos de moda. Conocí a uno que contaba en Miami que era profesor de La Sorbonne y que además pertenecía a la Academia Francesa. Hay que estar muy loco para inventarse semejante curriculum.
Ahora hay otra que sale con que es habanera allá donde es cienfueguera, y un poco más era la musa de Fellini.
Pero todavía más patético que creerse quien no se es, es creerse el escritor que no se es. Y más patético es siendo el escritor que no se es andar con la lengua afuera perreándole a una dictadura que solamente en 1963 ya había asesinado a 50 mil cubanos para que lo publiquen.
Ayer, el Premio Nobel Patrick Modiano, dio en su discurso de entrega del Nobel, una clase magistral de literatura, por supuesto, de historia, y de humildad. Les recomiendo que lean su discurso, donde sigue siendo el niño devorado por la Segunda Guerra Mundial, por la memoria. Y defiende su identidad individual con el más sencillo de los lenguajes poéticos.
Cuando para pasar por escritor alguien tiene que declarar y hablar en nombre de los demás que «todos hemos devenido personajes», o alguna bobería por el estilo, o tiene un problema de identidad individual muy grande o está más tostao que una cabra.
Pero, como saben, eso es lo que trajo el barco.
Zoé Valdés.


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