A la poesía, como a la mujer, le hemos dedicado un día. Yo, que siempre he creído en la fuerza poética para cambiar el mundo, como en la fuerza femenina para engrandecerlo, me digo que un día es muy poco. Y que todos los días son días de poesía, como todos los días deben ser los de la mujer. Pero he aquí que le hemos dedicado un día a la cosa poética. Pero la cosa poética vende cada vez menos, y no hace de uno de esos días dedicados, un día de excesivo consumo; ¿consumo de qué? ¿De poemas? ¿Consumo de aire, de luz, de mar, de ojos y pestañas?
De cualquier modo se agradece un día mundial de la poesía. Los poetas lo agradecen, los amantes de la poesía también. ¿Dónde andan los poetas? ¿Y a dónde se arriman los lectores de poesía?
Ayer, tras un bellísimo eclipse de sol europeo, empezamos a preparar el día de hoy, el de la poesía. Yo miré a los ojos de mi gata y ella también me observó como lo que soy, su esclava. Luego, juntas, nos pusimos a leer a Baudelaire. Yo le leía versos y ella los oía, adormilada.
Zoé Valdés.


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