Sevilla y Cádiz. Por Zoé Valdés

Gorka me espera en Sevilla, ha alquilado un automóvil nuevo, de un azul noche, y se dispone a conducir hasta Cádiz. Gorka es el muchacho de la editorial, tiene la mirada inteligente y los ojos todo sonrisa.

En el camino hacia Cádiz enciende la radio del coche, Rajoy todavía no se ha enterado de que el PP ha sido destrozado, su discurso es tan soso que resulta más interesante oír a la tipa del navegador. Gorka cambia a una estación de flamenco heavy. Conversamos animadamente, el viaje se nos hace corto.

En el Hotel de las Cortes me toca la habitación llamada Cargadores a Indias. Veo que también hay una habitación llamada Guillermo Cabrera Infante, lo que me emociona, como es natural.

Bajamos hacia la Plaza de las Flores y cenamos boquerones, chipirones y croquetas. Delicioso. Uno de los camareros estuvo en Cuba, en el Barrio Chino de La Habana conoció a una muchacha que nada más sabía decirle: «Mándame la carta de invitación, papi». Sin comentarios.

Está fresca la noche gaditana. Algunas calles del centro histórico me recuerdan a La Habana Vieja cuando todavía no se había reducido a escombros.

Mañana presento ‘La Habana, mon amour’ en el Centro Cultural Reina Sofía, a las 20 horas.

Zoé Valdés.