LOS VIAJES DE JOSÉ MARTÍ.
Cuando yo veo a toda esta bichidisidencia viajando tan confortablemente de un lado a otro, y haciendo alarde de ello, siempre pienso en José Martí.
A José Martí nadie nunca le costeó un viaje, se lo costeaba él con sus escritos publicados en diversos periódicos. Cuando quiso viajar a París, desde España, tomó un tren que lo condujo a Santander, y de ahí entre coches y diligencias, llegó Martí a París, en un gélido mes de diciembre de 1879, extenuado y más enjuto que nunca.
¿A qué viajó Martí a Francia? No sólo a hacer patria, además conoció a la flor y nata de los salones culturales de la época, se entrevistó con Victor Hugo, fue invitado honorable de Madame de Récamier, en cuyas tertulias participó como orador, asistió a varios conciertos de órgano «que Franz Liszt improvisaba al terminar la misa en la iglesia de Saint-Eustache»*. Tuvo amoríos con la gran Sarah Bernhardt. París amó a Martí por su encendido verbo y su elegancia, que poco tenía que ver con la opulencia. Siempre iba de negro, con su levita raída de cuello levantado, y sus gastados aunque lustrados zapatos.
Pero, no olvidarlo, a París llegó el hombre más grande de Cuba, de América, y uno de los más grandes del mundo, pidiendo botella de diligencia en diligencia y de coche en coche, tirados por caballos, por supuesto.
O sea, que… Bah.
Zoé Valdés
*Rescatando a Martí. Raúl Eduardo Chao. Dupont Circle Editions. Página 146.
Imagen pictórica de Michel Blázquez.


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