A ver si nos enteramos, que no les voy a durar toda la vida. ‘Novecento’ o ‘1900’ de Bernardo Bertolucci va mucho más de antifascismo y del cambiacasaquismo, y mucho menos de comunismo. ‘Soñadores’ va de lo que realmente fue Mayo del 68, o sea, de nada, de unos niños pijos que creían que singando y tirando ladrillos o tirando ladrillos y singando irían a cambiar el mundo (en la realidad manipulados por un filósofo bizco, como decía Guillermo Cabrera Infante, «con un ojo en el Ser y otro en la Nada»), ‘Último tango en París’ va más del deseo insospechado de la mujer joven y de la soledad y la locura del hombre manoseado por lo prohibido y la bisexualidad no asumida, también va de Brando y de María, y de Marlon y Schneider… Esos cuatro universos tan personales.
Bertolucci es un gran cineasta, es cierto que no más grande que Luchino Visconti, del que también no sólo he visto todas sus películas, además pertenezco a esa, su cofradía, en donde el estilo y la belleza son más relevantes que la historia, y todo superado únicamente por la elegancia del dolor soportado en silencio.
Bertolucci fue quizás comunista en Italia, como también lo fueron Oriana Fallaci y Marlene Dietrich (en Hollywood), ‘post guerre oblige’ -redimidos todos ampliamente por sus comportamientos ulteriores-; aunque bastante que Bertolucci rehuyó comprometerse de a lleno en otra parte, lo que me consta al menos con Cuba.
Zoé Valdés.


Deja un comentario