Coppelia: Helado de millo. Por Zoé Valdés

COPPELIA: HELADO DE MILLO.

Cerraron la heladería Coppelia allá en La Vana, leo en algún lugar.

La última que vez que fui a tomarme un helado -que era más aguae’churre y leche en polvo vencida que otra cosa-, después de una larga cola que le daba la vuelta a la manzana tres veces, allá por finales de los ochenta, había que llevar un cojín debajo del brazo porque los cojines de las sillas de hierro oxidado se los habían robado y si no llevabas los cojines salías de allí con tumoraciones infecciosas peligrosamente mortales en la parte de atrás de los muslos. Los cubanos sólo teníamos derecho al piso de abajo, y a un sólo sabor: vainilla sucia, como gris; el piso superior donde vendían casi todos los sabores estaba destinado a los extranjeros que pagaban en dólares, en su mayoría españoles. La gente empezó a llamar a Coppelia: «¡Abajo los mambises y arriba los españoles!»

Mientras viví en Cuba me comí el millo de que aquel era el mejor helado del mundo. Lo mismo con el mar, con el cielo, el sol, las estrellas, y toda esa bobería ombliguista de aquella isleta de basureta. Cuánto engaño.

Cerraron Coppelia, buena mierda. Me alegro, que se jodan. Bah.

Seguramente los nostálgicos abrirán otra en Charconia.

Zoé Valdés