Biblos.

El sol reverbera sobre Biblos, ciudad de libros y enamoramientos; una niña juega con un collar o rosario de aventurina, un tasbih o subha, mientras su madre fuma en el narguileh. Recorro las callejuelas, compro un bastoncillo de bambú fino para ponerlo a la entrada de la puerta de mi casa en París. Un joven se me para delante, con unos ojos encendidos, pestañas rizadas, sonrisa suculenta, pareciera un antiguo fenicio, está vendiendo algo que no consigo entender: ¡Papyrus!

Si El Líbano me hubiera cogido con veinte años hubiera arrasado, ténganlo por seguro. Aquí los hombres son hombres, y lo demás es bobería; nada más hay que ver cómo miran a las mujeres.

Biblos es un canto a la orilla del mar, con sus columnas fálicas, su historia de siete milenios, y las rajas húmedas que hubieran hecho la delicia de Juan Abreu en la piedra fecundada por el viento.

Un pequeño teatro, donde dice el guía, que cabían 2 mil personas. Lo dudo. Pero el guía insiste. Y le creo, él ha visto a Dios. Y estaba allí cuando los Amoritas quemaron Biblos.

Allá, un vendedor le pregunta a mi acompañante que por qué ella no quiere hablar árabe. «No hablo árabe», le responde ella. «Sí que lo hablas». Mi acompañante le responde algo en árabe, y el otro la cuquea zalamero: «¿Ves cómo lo hablas?». No cuqueen jamás a la mujer de 5o años, se puede poner a hablar cualquier idioma con tal de que la miren de ese modo tan calibrado y tan descalabrado en el deseo.

Según la tradición fenicia, pero sobre todo según el historiador Philon, Biblos, su ciudad natal, fue fundada hace como 7 mil años por el Dios «El». Al principio, la ciudad se dio a conocer bajo el nombre de Gubla o Gebal, sin embargo, tuvo que esperar hasta 1200 antes de J.C. para que los griegos le dieran el nombre de Biblos (papyrus en griego), debido a su importancia en aquella época como centro de comercio de papiro. Se ubicaba en un pueblecito de pescadores, como lo demuestran las excavaciones que revelaron las ruinas de cabañas neolíticas, que constan de una única habitación con restos de armas y armamentos.

Alrededor del año 3000 antes de J.C., Biblos conoció una expansión urbana masiva y un importante desarrollo comercial gracias al avance rápido del comercio marítimo. La ciudad se convirtió en un destacado centro de importación de madera de construcción al este de la cuenca mediterránea. Los faraones compraban la madera de los cedros y de los robles del Líbano para construir sus flotas navales, sus tumbas, y otros artículos funerarios a cambio de láminas de papiros, oro y lino. Gracias a estos intercambios este período se caracterizó por una prosperidad y un desarrollo sin igual.

Varios siglos después, los Amoritas conquistaron las regiones costeras y quemaron Biblos, que más adelante sería reconstruída y reorganizarían ellos mismos, reanudando las relaciones comerciales con Egipto. Asimismo, un grupo extranjero denominados «hombres del mar» procedente del Norte del Mediterráneo se instaló aquí y contribuyó significativamente a la expansión de la ciudad.

Durante el mismo siglo, los escribas de Biblos desarrollaron un alfabeto por medio de símbolos fonéticos, forma primaria del alfabeto fenicio grabada sobre el sarcófago de Ahiram, Rey de Biblos. A lo largo de los períodos helenístico y romano, los habitantes adoptaron las costumbres y la cultura griega entre 64 a. d. J.C., y 395 después de J.C. Los romanos construyeron entonces grandes templos, termas y otros edificios públicos que marcaron el paisaje de la ciudad, aún cuando ésta cayó bajo el dominio bizantino.

A partir del año 637 de nuestra era, la ciudad conoció una fase de deterioro durante el período de dominación árabe; siendo una ciudad apacible, Biblos fue perdiendo mucha importancia al paso de los siglos.

El orientalista francés Ernest Renán volvió a descubrir Biblos inspeccionando la región. Las sendas excavaciones llevadas a cabo entre 1921 y 1924 por el egiptólogo francés Pierre Montet confirmaron la existencia del vínculo comercial que mantenía Biblos con Egipto. Las escavaciones en la ciudad antigua, domina el sitio arqueológico y reúne el templo de Baalat Gebal (La Dama de Biblos), el templo en forma de L, el templo de los obeliscos (desplazado más tarde a su sitio actual), así como el teatro romano, las antiguas tumbas reales y las altas fortificaciones.

Biblos, Yebeil en la actualidad, es una ciudad moderna y próspera, que alterna entre modernidad y tradición. el antiguo puerto está protegido del mar por una montaña rocosa, y en él se celebra el Festival Internacional de Biblos de música y de arte. A muy poca distancia se encuentran las ruinas de la ciudad antigua, el castillo y la iglesia de los Cruzados así como el viejo sector comercial. Biblos dispone de un souk, mercado reservado a los transeúntes, a través del cual se pasa de la antiguedad a la modernidad, visitando las ruinas.

Yo le propondría a Juanes que diera un concierto por la paz en Biblos o en Beyrut, que es donde realmente la gente ha luchado por la paz, y lo han conseguido.